Visita del director de la CIA a La Habana es protocolo y no, no es la primera vez que sucede

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Por Carlos Carballido ()

Dallas.- La visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana el 14 de mayo de 2026 ha provocado un tsunami de reacciones emocionales descontroladas y conspiraciones tradicionales, entre gritos de crítica lacerante y acusaciones de complicidad entre EE.UU. y Cuba.

Hollywood ha hecho mucho daño al hacernos creer que un imperio como Estados Unidos derroca por la fuerza a un tirano e instaura la libertad. No funciona así en el siglo XXI.

La presencia del director de la CIA en La Habana no es ninguna anomalía, ni mucho menos un gesto de amistad cómplice. Es simplemente protocolo de inteligencia. Punto.

Los servicios de inteligencia de cualquier país serio hablan con sus enemigos. Siempre lo han hecho. Lo hacen cuando las relaciones oficiales están rotas, cuando hay crisis y cuando se acerca un posible cambio de régimen.

Es la forma más limpia y discreta de transmitir mensajes duros, recoger información de primera mano y evitar sorpresas.

En Cuba ya pasó antes.

En 2015, John Brennan estuvo en Cuba

En agosto de 2015, el director de la CIA bajo Obama, John Brennan, viajó en secreto a La Habana y se reunió con sus contrapartes del Ministerio del Interior. Informes de la Biblioteca del Congreso, Mother Jones y las memorias del exanalista senior de la CIA Brian Latell indican que la reunión “no llevó a nada concreto”. Pero existió. Nadie gritó traición entonces. Ahora sí. Curioso.

Tampoco son exclusivos de Cuba hechos como este.

En Egipto, en 1952, la CIA mantuvo contactos directos y reuniones de alto nivel con los oficiales que preparaban el golpe contra el rey Farouk. No fue “traición”. Fue inteligencia operativa.

En Irán, entre 1978 y 1979, mientras el sha se derrumbaba, la CIA y la embajada estadounidense mantuvieron canales discretos intensos tanto con el régimen como con sectores de la oposición.

En Filipinas, en 1986, la administración Reagan mantuvo inteligencia activa y contactos de alto nivel con el régimen de Ferdinando Marcos y con la oposición de Corazón Aquino mientras el dictador se hundía.

En Libia, en 2011, la CIA tenía relaciones largas y profundas con el jefe de inteligencia de Gaddafi, Musa Kusa, quien terminó desertando.

En 1989, antes de la caída del Muro y de los regímenes comunistas en Europa del Este, los servicios de inteligencia occidentales mantuvieron contactos discretos con funcionarios y disidentes en Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Rumanía. No era “amor”. Era recoger información y preparar el terreno.

La tesis es simple

La visita de Ratcliffe a La Habana es lo que siempre hace la CIA cuando un régimen adversario está en crisis energética, aislado y con la espalda contra la pared. No significa que Estados Unidos “quiera” al régimen cubano. Significa que quiere información, quiere transmitir un mensaje claro (“cambios fundamentales o nada”) y quiere tener canales abiertos por si el escenario cambia.

Esto no es el comienzo de un romance. Es la continuación de una vieja costumbre de los servicios de inteligencia: hablar con quien sea necesario, cuando sea necesario, para proteger intereses nacionales. Cuba no es la excepción. Es solo el último ejemplo.

Y si el régimen cubano no hace cambios reales, la historia ya demostró que estos contactos de inteligencia suelen preceder, no impedir, los cambios de régimen. Pregúntenle al sha. Pregúntenle a Marcos. Pregúntenle a Gaddafi.

El protocolo sigue su curso. Los que se sorprendan, que lean más historia y menos descargas emocionales.

Cuba no es tan importante como para ser diferente. Le corresponde a los cubanos descabezar al régimen como quisiéramos todos, con sangre si es necesario. Si no lo han hecho, Estados Unidos menos.

Es historia.

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