
Cuba anuncia aperturas económicas, pero el historial de confiscaciones siembra dudas
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Durante décadas, la dictadura cubana ha utilizado pequeñas aperturas económicas para atraer dinero cuando entra en crisis. Después de captar el capital, regresan las prohibiciones, las regulaciones, las confiscaciones y la persecución contra quienes generan riqueza fuera de su control.
Emprendedores cubanos y empresarios extranjeros han perdido inversiones, propiedades y negocios, y algunos incluso han terminado presos. No es una excepción: es una práctica repetida durante décadas.
Por eso cuesta creer en las nuevas medidas anunciadas. Si empresas que fueron pilares económicos del régimen durante años, como Sherritt International, han enfrentado graves problemas para cobrar y operar, y si importantes cadenas hoteleras internacionales han reducido inversiones o se han alejado de la isla, ¿por qué alguien debería pensar que ahora existen garantías para el pequeño inversionista? Si ni siquiera quienes movieron cientos de millones de dólares encontraron seguridad, mucho menos la encontrará quien llegue con menos recursos y menos influencia.
La situación se parece al ladrón que ha robado y estafado durante toda su vida y que, cuando ya nadie confía en él, vuelve a pedir dinero asegurando que esta vez cambió. El problema es que los hechos pesan más que las promesas.
Cuba no necesita nuevas aperturas temporales; necesita respeto a la propiedad privada, seguridad jurídica y límites reales al poder político. Mientras eso no exista, estas medidas seguirán pareciendo lo que han sido tantas veces antes: un intento de captar dinero sin cambiar las reglas que destruyeron la confianza.
Cuba necesita una intervención militar, que tomen el control de la defensa, y luego una tutela para asegurar que el cambio se produzca bajo un Pacto de Libre Asociación. Esto solo lo pueden lograr los Estados Unidos.






