¿Angustiado por las redes sociales? Mejor escuche a Angina de Poitrine

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Por Carlos Carballido ()

Dallas.- En la era del algoritmo, donde la música comercial se diseña para ser predecible, digerible y de fondo, un fenómeno contracultural está rompiendo las reglas del juego desde las sombras de Quebec, Canadá.

Se trata de Angine de Poitrine (Angina de pecho), un dúo formado en Saguenay en 2019, cuya propuesta musical es tan incómoda como su nombre, pero que ha logrado lo impensable: volverse viral en redes sociales haciendo una especie de rock experimental hipercomplejo, matemático y sobre todo microtonal.

A primera vista, el montaje de Angine de Poitrine parece el de una banda de garaje: una batería simple, sin los excesos de tambores o platillos del metal progresivo convencional, pero que permite las transiciones en los bucles monotonales del guitarrista para evitar saturación auditiva.

El otro bastión del proyecto es una guitarra de doble mástil hecha a mano, con 24 trastes en vez de 12, que combina un mástil de guitarra microtonal y otro de bajo microtonal.

Esto les permite crear esas sonoridades tan inusuales y complejas que, a pesar de sus detractores, demuestran sí o sí una mezcla de formación académica, empirismo y virtuosismo en las ejecuciones.

Sin embargo, la magia radica en el engaño perceptivo

Mientras la batería mantiene una precisión milimétrica y robótica, el guitarrista opera como un cirujano digital con sus pies, multiplicando los instrumentos en tiempo real mediante una avanzada configuración de loop stations.

El resultado es una pared de sonido que desafía al oído: frecuencias microtonales (notas que caen en los espacios «prohibidos» entre los trastes del brazo de una guitarra y un bajo tradicionales) y polirritmias que rompen cualquier patrón predecible. No es música para relajarse; es un asalto al sistema auditivo y sensorial del cerebro.

El componente mayor de su éxito es el anonimato. En un mundo donde los músicos exponen su vida privada para ganar likes, el dúo canadiense ha logrado mantener un blindaje hermético. Ni filtraciones en camerinos ni fotos indiscretas.

Se presentan bajo avatares artísticos de papel maché, usando máscaras y vestidos adornados con círculos blancos y negros que constituyen un performance en homenaje al dadaísmo francés, obligando al público a concentrarse en una sola cosa: la obra musical.

Curiosamente, la música de Angine de Poitrine opera como una terapia de choque cognitivo, según análisis de varios neurocientíficos.

Al escuchar estructuras rítmicas tan inusuales, el cerebro no puede ponerse en piloto automático.
Regiones corticales encargadas de la predicción y el procesamiento auditivo se ven obligadas a trabajar a máxima capacidad.

En lugar de generar más ansiedad, esta sobrecarga de información musical actúa como un «reinicio»: desvía la energía cognitiva de los pensamientos obsesivos o angustiantes y la redirige hacia el análisis puro y la creatividad. Es, literalmente, un entrenamiento mental que obliga a la mente a desarrollar flexibilidad y pensamiento lateral.

A mediados de agosto de 2026 iniciarán una gira por EE. UU. para presentarse en varias ciudades donde este tipo de música es muy apreciada.

Lamentablemente, no estarán en ninguna donde se prefiere el reggaetón para martillar los oídos de comensales en restaurantes

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