Del “paraíso rural” cubano al safari del hambre socialista

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Por Anette Espinosa

Artemisa.- Ya no saben qué inventar para disfrazar la ruina. Ahora resulta que el futuro económico de Artemisa depende del “agroturismo”, una palabra tan elegante que parece sacada de una conferencia en Suiza, pero que en la práctica significa llevar extranjeros a ver una mata de yuca medio seca mientras un campesino les explica cómo sobrevivir sin combustible, sin fertilizantes y sin corriente.

El Segundo Encuentro de Agroturismo se celebró en el Hotel Las Yagrumas, San Antonio de los Baños, seguramente con croquetas frías y café aguado, donde varios funcionarios hablaron durante horas sobre “potencialidades”, “desarrollo local” y “sostenibilidad”. En Cuba les encanta reunirse para hablar baba. El país entero se está cayendo a pedazos, pero ellos siguen organizando eventos donde descubren, por segunda vez consecutiva, que las vacas existen y que una finca puede tener turistas.

Lo mejor del cuento es que Artemisa tiene 51 fincas con “grandes posibilidades”, aunque solamente funcionan tres. Tres. O sea, hicieron un encuentro provincial prácticamente para celebrar que todavía hay cuatro campesinos vivos interesados en convertir su pedazo de tierra en una especie de Airbnb rural del hambre socialista. Uno imagina al turista extranjero pagando 200 euros por vivir la experiencia auténtica del cubano de a pie: levantarse sin luz, bañarse con un cubo y almorzar arroz con aire.

El discurso oficial siempre es el mismo: que el agroturismo traerá empleo, mejorará caminos, fortalecerá la identidad cultural y salvará la economía nacional. Compadre, en este país ni siquiera pueden garantizar pan estable en una bodega y quieren convencer al mundo de que van a desarrollar rutas ecoturísticas entre marabú, huecos en la carretera y tractores soviéticos agonizando desde 1978.

Mientras tanto, los campesinos escuchan atentos a los especialistas de Ecotur explicarles cómo atraer visitantes, aunque probablemente muchos de esos guajiros lo que quieren realmente es que aparezca diésel para mover un tractor o pienso para alimentar un puerco. Pero no. La prioridad revolucionaria ahora parece ser convertir la miseria agrícola cubana en una atracción turística internacional. Lo próximo será vender apagones como experiencia inmersiva del Caribe socialista.

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