
El mito de Sísifo y las inversiones extranjeras en Cuba
Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvergencia.org)
Pinar del Río.- Es cuestión de prioridades y, aún más, es cuestión de cosmovisión, de concepto acerca de la persona humana y del mundo.
En efecto, los últimos meses en Cuba vienen a confirmar, una vez más, lo que resulta más importante para el poder: el dinero de otros.
Hay anunciadas unas supuestamente “nuevas” medidas económicas que quieren dar idea de respuesta a la etapa terminal, sistémica y estructural, que sufrimos los cubanos.
Todas esas viejas medidas son para “mover ficha”, para atraer inversionistas que se hagan cargo de lo que han dejado las empresas hoteleras extranjeras como Meliá, Iberoestar, Blue Diamond, y mineras como Sherritt, que ahora huyen del castigo por haber apostado y arriesgado su capital en negocios con un régimen totalitario que las usó para sus intereses y no para gestionar el bienestar de nuestro pueblo.
El régimen cubano, por su parte, desde hace décadas, prioriza “abrir” para construir hoteles y no para reparar escuelas; optó por atraer inversionistas y dinero para el sector turístico y no para el sector de la energía, el agua, salud, la vivienda, el transporte y todo lo demás. La vida, las décadas, nos han demostrado que el viejo cuento de la “Buena Pipa” de que aquellas ganancias serían para invertir en estos sectores prioritarios para el bienestar de los cubanos, es una mentira patente.
Ahora se acordaron de los cubanos
El poder, siempre entre comillas, “abrió” un ventanuco para los extranjeros, mientras engrosa las rejas y cerrojos para la inmensa mayoría de los cubanos. Ahora, el empresario extranjero que sirvió a un conglomerado para autoenriquecerse, se marcha porque no quiere perder más su dinero y no quiere ser castigado por sus negocios con el socio equivocado.
Ahora el poder busca a cubanos de afuera, a cubanos ricos, a nuevos inversionistas que vuelvan a equivocarse haciendo sus inversiones con los socios sancionados. Si, ahora buscan a aquellos mismos que tuvieron que marcharse de su propia tierra para gozar de libertad y con ella y su trabajo, progresar y hacer fortuna. No hay inversión segura y recuperable con este sistema político. No es verdad que, en un sistema totalitario, es necesario llenar primero las barrigas para, después, cambiar la mentalidad y la política.
En cuanto a las prioridades en los cambios hay dos mitos principales en el mundo de hoy: el caso de Cuba y otros, el mito de que manteniendo el mismo régimen político se puede inventar una economía de libre mercado. Así, el conglomerado del poder real se disfraza de mipyme y negocio independiente. Y el mito de China y Vietnam, en el que la economía de mercado ha convertido al Partido Comunista en un cascarón vacío de ideología y proyecto popular.
Castigo por la mentira
Esta etapa terminal de un sistema acabado, se parece al Mito de Sísifo, el original de la mitología griega y el del ensayo filosófico de Albert Camus en 1942.
El mito griego plantea el castigo de un rey por engañar, por vivir en la mentira: “Sísifo, rey de Corinto, fue castigado por los dioses por su astucia y por engañar a la muerte en dos ocasiones. Su castigo consistió en una tarea interminable, repetitiva y frustrante, simbolizando el peso de las tareas inútiles”: empujar una enorme piedra hasta la cima de una montaña solo para verla caer repetidamente por su propio peso.
El ensayo de Camus compara el mito del rey griego, astuto y engañoso, con la condición humana y su lucha contra el reino del absurdo: “Para Camus, el “absurdo” nace del choque entre nuestro deseo humano de encontrar un propósito o sentido a la vida y la fría indiferencia del universo, que nunca nos dará una respuesta”.
Entonces, en Cuba, ante la repetición del absurdo cotidiano y engañoso en que subsistimos a causa de vivir en la mentira, “el suicidio no es la solución. Ante una vida que parece carecer de sentido, Camus propone la rebelión consciente: aceptar el destino, vivir con pasión y encontrar la libertad en el esfuerzo mismo de vivir”.
Propuestas
En el caso de Cuba ya el rey Sísifo no logra ni subir la piedra. Y el reino del absurdo va empujando al pueblo a tomar conciencia y a encontrar el sentido de esta agonía en buscar las soluciones de verdad, en levantar la vista de la piedra, en subir a lo alto de la visión del futuro de Cuba y realizar en la vida cotidiana el ejercicio que nos aconsejó Camus: “«hay que imaginarse a Sísifo dichoso», ya que la lucha misma por la cima es suficiente para llenar el corazón del hombre”. Transformemos al Sísifo de Camus que pudiera parecernos absurdamente estoico en una Cuba, resiliente y esperanzada, viviendo de la confianza en la fuerza de los pequeños pasos de cruz y resurrección.
Imaginarse a Cuba dichosa no es una utopía, es, como los vigías en la noche: vislumbrar el amanecer y descubrirle a los cubanos el horizonte que se acerca y que vamos a conquistar entre todos. Con la queja no se convoca, con la propuesta se entusiasma. El absurdo deprime, el horizonte empuja a remar. No seamos súbditos del Reino del absurdo sino ciudadanos de la República de la verdad y la libertad.
Ya no se tratará del absurdo de subir una piedra sin sentido para volver a caer de la montaña tropezando con la misma piedra. Se trata de pensar, proponer, concertar la hoja de ruta que no se encaminará, nunca más, a la absurda épica de conquistar las lomas cubanas sino de, con trabajo y sabiduría, labrar la tierra del valle fértil de nuestra prosperidad con el arado de la libertad y el sudor de la responsabilidad.
¡Así Cuba podrá ser nuevamente feliz!






