
Ningún ismo, pero toda mi tierra
Por Carlos Alberto Sosa ()
«Ya no pertenezco a ningún ismo…»
Fito Páez, Al lado del camino.
Miami.- Quizás por eso esta canción me ha acompañado tanto durante estos dos años. Porque desde que dejé Cuba siento, muchas veces, que camino precisamente ahí: al lado del camino, entre lo que fui y lo que estoy tratando de ser; entre una tierra que llevo dentro y otra que me ha tocado aprender a habitar.
Hoy se cumplen dos años de la decisión más dura, importante y dolorosa de mi vida: dejar atrás mi patria. No dejé solamente una tierra. Dejé una casa, una ciudad, amigos, familia, recuerdos, sueños, costumbres y una vida entera. Dejé una parte de mí al otro lado del mar. Estos dos años han dolido. He conocido la incertidumbre y el cansancio. He tenido que tragarme el orgullo, aprender a sobrevivir y descubrir fuerzas que no sabía que tenía. Pero aquí estoy.
Y estos dos años no han sido en vano. Porque también he aprendido. He crecido desde las heridas. He conocido otra versión de mí, una que no apareció cuando todo estaba bien, sino cuando tocó resistir. He aprendido que empezar de cero no significa no tener nada; significa descubrir cuánto todavía somos capaces de construir.
Cuba sigue conmigo. En mi manera de hablar, en mis recuerdos, en las personas que extraño, en las canciones, en las nostalgias y en ese pedazo de corazón que se quedó allá. Hoy no celebro estar lejos. Celebro no haberme rendido. Dos años después sigo caminando. Con dolor, sí. Con nostalgia, siempre. Pero también con esperanza. Porque quizá estar al lado del camino sea eso: dejar de buscar un lugar donde encajar y comenzar a construir el propio camino. Y mientras avanzo, llevo conmigo lo que fui, lo que soy y todo lo que todavía puedo llegar a ser.
Ya no pertenezco a ningún «ismo». Quizás tampoco pertenezco completamente a ningún lugar. Pero sigo perteneciendo a mis recuerdos, a mi gente, a mis sueños y a esa tierra que, aunque la haya dejado atrás, nunca podrá dejarme a mí. Dos años después, sigo caminando. Y ahora sé que el camino también puede ser una forma de volver a encontrarse. Con Cuba en la memoria, el dolor en la piel y la esperanza encendida en el pecho.






