
El presidente y sus tres sombras peludas
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Si hay un cargo público que no necesita campaña para ser querido, ese es el de perro presidencial. Durante 14 años, Irlanda tuvo un jefe de Estado que compartió su residencia oficial con unos inquilinos que no pagaban alquiler, no daban discursos y, sin embargo, recibían más atención que algunos ministros.
Michael D. Higgins llegó a la presidencia en 2011 con un currículum de poeta, profesor y político, pero lo que realmente lo hizo famoso fueron sus boyeros de Berna. Bród, Síoda y Misneach no eran mascotas: eran parte del protocolo.
Los perros no se escondían cuando llegaban las visitas oficiales. Aparecían en los jardines de Áras an Uachtaráin, caminaban junto al presidente y su esposa, y posaban con reyes, mandatarios y diplomáticos como si fueran ellos los anfitriones. Las fotos dieron la vuelta al mundo. Un jefe de Estado podía llegar esperando apretones de manos y guardias de honor, y terminar acariciando a dos gigantes peludos que no entendían de política, pero sí de cariño.
Un presidente y…
Cuando Síoda murió en 2020, llegó Misneach. Su nombre significa «coraje» en irlandés, y enseguida demostró que no le temía ni al protocolo ni a las cámaras. En mayo de 2021, mientras Higgins rendía homenaje a un actor, el cachorro decidió que era hora de interrumpir: le mordisqueó la mano, le tocó la ropa con la pata y el presidente siguió hablando como si nada. El video se hizo viral. Para millones de personas, esa fue la primera vez que vieron al presidente irlandés. Y también la primera vez que vieron a un perro eclipsar a un jefe de Estado.
Bród se convirtió en uno de los perros más fotografiados de Irlanda. Cuando murió en 2023, la presidencia anunció oficialmente su fallecimiento. Misneach quedó como el último de los tres gigantes. Mientras tanto, Higgins completaba su segundo mandato. En noviembre de 2025, llegó el día de dejar la residencia. Y ocurrió algo que ningún discurso pudo igualar.
Frente al Áras apareció una fila de personas. No habían llegado solas: llevaban sus propios boyeros de Berna. Los enormes perros se reunieron para despedir al hombre que, sin querer, había convertido a su raza en un símbolo de la presidencia. Higgins salió con su esposa, saludó a la multitud peluda y, probablemente, sonrió como pocas veces. Durante 14 años, Irlanda tuvo un presidente. Pero en las fotos oficiales, el país parecía tener algo más: tres gigantes que nunca ocuparon un cargo y, sin embargo, dejaron una huella más grande que muchos políticos.






