El escenario de una transición en Cuba: un modelo de intervención y reestructuración

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Si en Cuba sucede una acción quirúrgica como la ocurrida en Venezuela con el arresto de Nicolás Maduro, el proceso de transición probablemente comenzará con una negociación entre los remanentes del régimen cubano y los Estados Unidos.

Ese primer acuerdo no tendrá como objetivo definir el modelo político definitivo del país, sino garantizar la estabilidad, evitar un vacío de poder y comenzar la reconstrucción del Estado.

Como resultado de esa negociación se establecerá una administración provisional encabezada por un representante designado por los Estados Unidos, junto con miembros del propio régimen que permanezcan temporalmente dentro de determinadas instituciones mientras avanza la transición.

Una de las primeras decisiones de ese gobierno provisional debería ser negociar y aprobar un acuerdo de extradición con los Estados Unidos. Quienes intenten sabotear el proceso de transición mediante delitos como conspiraciones, intentos de golpe de Estado u otras conductas delictivas dirigidas a impedir el restablecimiento del nuevo orden institucional podrían ser extraditados para ser procesados conforme a la legislación aplicable. El objetivo sería desincentivar la aparición de caudillos, nuevos movimientos autoritarios o estructuras que intenten impedir la consolidación de la transición.

Gente que oficio al mando

Todas las áreas estratégicas del Estado comenzarán a ser auditadas por delegaciones especializadas norteamericanas. Todas estas delegaciones estarían compuestas y dirigidas por cubanoamericanos que han desarrollado sus carreras profesionales dentro del gobierno de los Estados Unidos. Militares retirados, oficiales de policía, jueces, fiscales, embajadores especialistas en derechos humanos, administradores penitenciarios, ingenieros, médicos, economistas y expertos en distintas áreas formarían parte de esos equipos de trabajo.

Los primeros cubanos del exilio que asumirán responsabilidades y capacidad de decisión en la nueva Cuba probablemente no serán representantes de la oposición política tradicional, sino cubanoamericanos que hayan ocupado o desempeñado funciones dentro de instituciones del gobierno estadounidense y que cuenten con experiencia técnica, administrativa o de seguridad. Su función será auditar las instituciones cubanas, proponer las reformas necesarias y establecer una hoja de ruta clara para reconstruir el Estado, fortalecer la estabilidad y sentar las bases de una futura democracia.

Por ejemplo, podría llegar una delegación encargada de auditar las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Estaría integrada por generales, coroneles, tenientes coroneles, capitanes y otros especialistas cubanoamericanos que hayan desarrollado sus carreras dentro de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Su misión sería realizar una evaluación completa de la estructura militar cubana, revisar su organización, capacidad operativa, equipamiento, doctrina y cadena de mando. Con ese diagnóstico presentarían recomendaciones y una hoja de ruta clara sobre las reformas necesarias para profesionalizar las Fuerzas Armadas, garantizar su subordinación al poder civil y convertirlas en una institución compatible con una democracia estable.

Un estado de emergencia

La misma metodología se aplicaría al sistema judicial, la salud pública, la agricultura, la energía, las finanzas, la educación, el transporte, las telecomunicaciones y el resto de las instituciones del Estado. Cada delegación realizaría una auditoría completa, identificaría las deficiencias existentes y presentaría un plan de reorganización y modernización para su sector.

Durante esta etapa se declararía un estado de emergencia nacional para facilitar la llegada de ayuda internacional, medicamentos, alimentos, recursos financieros y materiales destinados a recuperar hospitales, carreteras, puertos, redes eléctricas y el resto de la infraestructura crítica del país.

Al mismo tiempo comenzarían a llegar empresas estadounidenses e internacionales para realizar estudios técnicos y evaluar oportunidades de inversión. Algunas iniciarían proyectos desde los primeros meses y otras esperarían a que la transición estuviera más consolidada antes de realizar grandes inversiones.

Otra de las primeras medidas sería garantizar legalmente el regreso de los exiliados cubanos para que puedan reincorporarse plenamente a la reconstrucción económica, institucional y social del país.

El papel de la oposición cubana durante ese proceso será fiscalizar que cada etapa de la transición se cumpla conforme a lo acordado, denunciar cualquier desviación y prepararse para el momento en que el pueblo cubano pueda elegir libremente a sus gobernantes.

Todo este proceso deberá tener una fecha límite y objetivos claramente definidos. Cada etapa tendrá que cumplir metas concretas para evitar que la administración provisional se prolongue indefinidamente.

En espera de elecciones

Hay que recordar que la Ley Helms-Burton no podrá levantarse hasta que se celebren elecciones libres. Sin embargo, antes de llegar a ese momento sí podrán alcanzarse la mayoría de los objetivos de la transición: la liberación de todos los presos políticos, la eliminación de las leyes represivas, la reorganización de las instituciones, la llegada de ayuda internacional, el regreso de los exiliados, el inicio de la recuperación económica y, sobre todo, una auditoría completa del Estado que permita conocer con exactitud qué existe, qué funciona, qué debe reconstruirse y cuáles son las verdaderas necesidades del país.

Cuando finalmente se convoquen las elecciones, Cuba llegará con un Estado estabilizado, instituciones reorganizadas y un diagnóstico real de cada ministerio, empresa e institución pública. Eso permitirá que los ciudadanos voten con un conocimiento mucho más claro de la realidad del país.

Durante esos años la oposición cubana deberá dedicar todos sus esfuerzos a organizar partidos políticos, formar equipos de gobierno, elaborar programas, presentar proyectos de nación y recorrer el país explicando sus propuestas. De esa manera, cuando llegue el momento de las elecciones, los cubanos no solo elegirán a un presidente, sino que decidirán entre distintos proyectos de país cuál será el rumbo de la nueva República.

Llegado ese momento, los cubanos podrán decidir libremente qué proyecto de país desean. Podrán elegir, por ejemplo, entre restablecer las actualizaciones de las constituciones de 1902 o de 1940, aprobar una nueva Constitución o respaldar otras propuestas, como un protectorado o la anexión. Lo importante es que todos los partidos y movimientos habrán tenido el tiempo suficiente para organizarse, presentar sus proyectos, defender sus ideas y explicar al pueblo cubano por qué deberían recibir su voto.

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