
El poder sin cargo
Por Ulises Toirac ()
La Habana.- Si hay algo que Raúl Guillermo Rodríguez Castro no es, es loco. Sus declaraciones y proyección tienen una sólida base que él percibe con claridad y emergen de su experiencia de vida.
Con 42 años, no solo es el nieto predilecto de Raúl Castro y su jefe de escolta durante muchos años —lo que le daba un acceso de primerísima mano, creo que incluso mayor que la del abuelo, a quien debía evitarle disgustos—, sino que su padre nucleó en sí la dirección de GAESA, brazo económico militar y, por tanto, eje de poder del poder —y no es error de gramática.
«El Cangrejo» conoce de primera mano la vida y milagro de cuantos «importantes» hay en el país y, también, la opinión cerrada que sobre ese importante tiene la más elevada cúspide de poder. Y esto es relevante a la hora de medir el peso específico de un personaje.
No por gusto tiene más impacto mediático, al menos en Cuba. Díaz-Canel lleva más de un mes a razón de dos entrevistas semanales con medios de prensa internacionales que no logran levantar el revuelo que genera una cada 21 días de Raúl Guillermo. No por gusto los políticos norteamericanos lo prefieren como interlocutor. No por gusto no lo han sancionado en ninguna medida de ese Gobierno.
Y observo una sutil diferencia entre ellos: el asidero «sentimental». Uno es absolutamente familiar. El otro no tiene el medallón.
Que no tenga ningún cargo no tiene nada que ver. Un manotazo suyo en una mesa tumba más vasos que el manotazo de cualquier otro.






