Libertad simulada: el engaño mediático tras el traslado de Luis Manuel Otero Alcántara

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Por Yanetsy Pino ()

Atlanta.- Lo iba a dejar para otro momento, pero estoy indignada leyendo el artículo que ayer publicó el medio español El País, con autoría de la periodista Carla Colomé.

Voy, como siempre, a llamar las cosas por su nombre y me importa poco que me digan que no soy periodista. No lo soy; pero sé leer muy bien, y esto va en contra de toda lógica y del sentido común.

El artículo titulado “El preso político cubano Luis Manuel Otero Alcántara sale de la cárcel” nos presenta, seguidamente, una afirmación que insulta desde que la lees: “El artista está alojado en una dependencia del Gobierno a la espera de su liberación definitiva.”

Desde el mismo inicio nos quieren vender que el preso político más mediático de Cuba «salió de la prisión de Guanajay» y que ahora está en una dependencia del Gobierno; lo cual genera la tramposa impresión de que estuviera «alojado» en un motel esperando un trámite.

Luego sigue: “La noticia que desde hace cinco años muchos cubanos esperaban llegó en la tarde de este martes: el artista Luis Manuel Otero Alcántara, uno de los presos políticos más reconocidos del castrismo, salió de la prisión de Guanajay…”

La noticia que el pueblo esperaba NO ha llegado. A Luis Manuel lo sacaron de la celda para meterlo en un limbo bajo el control de sus mismos captores. Eso, aquí y en cualquier parte del mundo, se llama SECUESTRO DE ESTADO.

Para que vean que esto no es solo un berrinche mío de indignación, voy a desmontar esta trampa usando las ciencias de la comunicación y el análisis del discurso, explicado de forma clara para que se entienda lo que hay detrás de las palabras.

Empecemos por el engaño de la falsa primicia. El artículo arranca celebrando con bombo y platillo que «la noticia que desde hace cinco años muchos cubanos esperaban llegó en la tarde de este martes». Esto es una estafa al lector. La noticia que Cuba y el mundo esperan es su libertad plena, real y en la calle. Decir alegremente que la noticia «llegó» para terminar admitiendo párrafos después que el artista sigue retenido es manipular la esperanza de la gente solo para conseguir un titular llamativo y mentiroso.

El siguiente golpe de manipulación psicológica viene con el «encuadre» de la noticia. Al afirmar textualmente que el artista «salió de la prisión», el texto activa de inmediato en el cerebro del lector la idea de «libertad». Sin embargo, la propia nota se contradice después al admitir que el artista «permanece en manos de las autoridades cubanas y en paradero desconocido».

En mi opinión, esto es un engaño visual y mental: cambiar a un preso político de una celda a una oficina trancada del Gobierno no es liberarlo, sino cambiarlo de calabozo. No ha salido a ninguna parte si sus captores siguen decidiendo dónde está.

Lo más indignante y ofensivo ocurre cuando el artículo intenta suavizar la gravedad del delito utilizando un lenguaje ridículo. El texto dice textualmente que «queda un sinsabor entre los admiradores que Otero Alcántara acaparó en los últimos tiempos». El uso de la palabra «sinsabor» (que significa una molestia o desazón leve) para describir lo que se siente cuando una persona está desaparecida por una dictadura es una burla. Es como desviar la atención del crimen de Estado y reducirlo a un simple «sentimiento de decepción» de los fanáticos. Que un régimen militar tenga a un ciudadano oculto en paradero desconocido no es un sinsabor, es una violación flagrante de los derechos humanos.

Por último, el periodismo tibio termina validando el libreto del opresor al repetir al pie de la letra que el artista enfrentó una sentencia, «según el Gobierno, por los delitos de ‘atentado, desacato, desórdenes públicos e incitación a delinquir'». Al colocar los cargos inventados por la dictadura en el centro del párrafo y «olvidar» mencionar que organizaciones internacionales como Amnistía Internacional lo consideran un preso de conciencia, el artículo le otorga legitimidad institucional a la narrativa oficial. Terminan repitiendo como loros el guion de la narrativa castrista.

La comunicación debe servir para fiscalizar al poder, no para ponerle anestesia a la injusticia con palabras bonitas.
A Luis Manuel Otero Alcántara no lo han liberado: lo tienen retenido en contra de su voluntad y sin que nadie sepa dónde está.
Basta de lenguaje diplomático para maquillar abusos. ¡Libertad real y sin eufemismos para Luis Manuel!

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