
Lecciones de la Enmienda Platt: la oposición cubana y la lógica de Washington»
Por albert Fonse ()
Vancouver.- La historia demuestra que cuando Estados Unidos ha intervenido militarmente en un conflicto, también ha buscado influir en el orden político posterior. Ocurrió tras la guerra hispanoamericana, cuando, a pesar de que los mambises constituían una fuerza militar y política real, con legitimidad ganada tras años de lucha por la independencia de Cuba, Washington impulsó la Enmienda Platt para garantizar sus intereses estratégicos en la isla. La realidad de la oposición cubana actual es muy distinta.
Este precedente histórico sirve de referencia para entender que resulta difícil imaginar que, en un escenario de una eventual intervención estadounidense en Cuba, Washington renuncie a asegurar sus intereses de seguridad nacional. Más aún cuando, por muy valiente y sacrificada que sea la oposición cubana actual, hoy no cuenta con una capacidad política, militar o institucional que le permita sentarse como un actor decisivo en una negociación sobre el futuro del país.
Precisamente por esa realidad, la oposición debería concentrar sus esfuerzos en preparar propuestas serias que sean compatibles con los intereses estratégicos de Estados Unidos y, al mismo tiempo, beneficiosas para Cuba. Tienen que preparar tratados, enmiendas, convenios, acuerdos de defensa, planes económicos o el nombre que quieran darles, pero deben partir de una verdad: el futuro de Cuba quedará entrelazado y marcado por la política de Washington.
Perder tiempo redactando constituciones ideales o promoviendo referéndums desconectados de la realidad geopolítica es no entender el momento histórico. Si Estados Unidos decide actuar, impulsará el marco político y de seguridad que considere necesario para proteger sus intereses nacionales, como ya ocurrió en la propia historia de Cuba. La oposición cubana debería anticiparse a ese escenario, no llegar tarde a él.
La dictadura ya comprendió esto y, por ello, sus propuestas económicas buscan sobrevivir a lo que considera inevitable. Pero la oposición, en cambio, parece aún atrapada en discursos que no se traducen en herramientas concretas para ese momento crítico. La historia no espera a los que no la entienden.






