Escándalo de corrupción en Mayabeque

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Por Anette Espinosa ()

«El método León: centralizar, favorecer y desaparecer»

La Habana.- Hay quienes llegan a un cargo y creen que la función pública es una extensión de su cuenta bancaria. Que los recursos del Estado son un fondo perdido para sus caprichos. Que el poder no es un servicio, sino una propiedad privada. Erik León, director de la OSDE en Mayabeque, parece haber entendido esa lógica a la perfección. Pero lo que no ha entendido es que los trabajadores, los que ven cómo se esfuma el petróleo y se pudren los insumos, tienen ojos, memoria y, sobre todo, han perdido el miedo a hablar. Y han hablado. Con nombres, fechas y cifras.

No es casualidad que León sea ahijado de Héctor Ginebra, el mismo que ya tiene un expediente abierto por corrupción al frente del Grupo Empresarial Agropecuario y Forestal en Mayabeque. En este país, los padrinazgos no son solo de bautizo: son líneas directas de impunidad. León centralizó el poder en su figura, como si la OSDE fuera su cortijo particular. Y desde ahí, con el aval de quien ya sabe cómo se mueve el tablero, comenzó a tomar decisiones que no beneficiaban a la empresa, sino a su círculo íntimo. Una telaraña que empieza en su despacho y termina en los bolsillos de unos pocos.

Pero la jugada no se queda en el poder abstracto. Es concreta, material y descarada. León mantiene mipymes a través de su esposa, que hace las veces de testaferro. No es un rumor, es una práctica que los trabajadores señalan con nombres y apellidos. Usar la posición de dirección para beneficiar negocios particulares no es un desliz, es un delito. Y cuando un funcionario convierte la gestión pública en una extensión de su patrimonio familiar, lo que está haciendo es robarle al pueblo, a cada cubano que espera que el aceite llegue a tiempo, que el transporte funcione, que la empresa no se desangre.

Robos y más robos

¿Y los insumos? Más de 770 litros de petróleo y 12 cubetas de grasa desaparecidos en «supuestos robos» que nadie investiga. En un país donde cada gota de combustible es oro, donde la grasa para la maquinaria es un lujo, esa cifra no es un número: es un escándalo. Pero León no solo mira para otro lado, sino que además pretende entregar maquinaria y transportes a mipymes de socios. Es decir, no solo deja que se pierda, sino que planea regalar lo que queda a los suyos. Un desvío de recursos públicos con todas las de la ley.

Y la empresa de Nueva Paz, esa que algún día funcionó, hoy es un cascarón. Bajo el mandato de León, solo recibe insumos quien entre en su gracia. El favoritismo no es un pecado menor: es un sistema de exclusión que condena a la producción, que desmoviliza a los trabajadores, que convierte la eficiencia en un chiste amargo. Porque cuando el que manda reparte según sus afectos, el que trabaja sabe que su esfuerzo no vale nada. Y entonces la empresa se muere, lentamente, entre la indiferencia y el cinismo.

Pero esto no es nuevo. León ya fue sacado de Melena del Sur por innumerables denuncias anónimas. No aprendió, porque el sistema no lo obligó a aprender. Y hoy, en la provincia Mayabeque, repite el mismo libreto. Los trabajadores han dado el paso, han alzado la voz. Ahora falta que las autoridades hagan lo que tienen que hacer: investigar, sancionar y devolver la confianza a quienes aún creen que la empresa pública puede ser otra cosa. Porque el método León no es un caso aislado, es un síntoma. Y si no se corta a tiempo, seguirá extendiéndose como la grasa que se pierde y nunca aparece.

Por cierto, él hace lo que ve hacer, lo que le permiten… el sociolismo socialista funciona así.

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