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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- En Cuba. No es absurdo, es decadencia. No es incomprensible, ni incompatible, ni incoherente, es decadencia. No es debilidad, es decadencia. No es burla, es decadencia.

Tampoco es banalidad, es decadencia. No es capricho, es decadencia. No es obsceno, es decadencia. No es vulgar, es decadencia.

El patrón de la decadencia política de una sociedad es siempre el mismo a través de la historia, y no desaparece hasta que el tránsito hacia lo nuevo se consolida.

Es en ese momento crepuscular cuando payasos, asesinos y mediocres posan brevemente, a veces reunidos en una misma persona, en una multitud, en la ausencia de carácter.

No hay que desesperar.

Ellos no tienen cómo superar su decadencia, ni siquiera cómo evitar que lo ridículo se vuelva cada vez más grotesco.

Justo por eso son más peligrosos que nunca.

Están derrotados. Tenemos una oportunidad, pero no podemos confundir el asco con acción, ni la burla con acción. Ellos cuentan con nuestro bochorno, con nuestra capacidad de subestimarlos, con nuestro miedo.

No pierdas el tiempo hablando de ellos. Es cierto que es un circo para que no veas lo fundamental, pero no por eso tiene que ser tuyo. Que sea su circo, su lamentable teatro bufo.

No basta con oponer la autenticidad, el pensamiento, la coherencia, la lucidez, el carácter: es preciso avanzar. Es necesario cambiar el algoritmo político, el tuyo. Hazlo.

Están derrotados, pero tenemos que empezar a vencer. Para ello, solo tenemos que ser, tienes que ser.

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