De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte I)

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Por Enrique Collazo (Historiador)

Madrid.- Cuando la economía proxeneta cubana perdió a su proveedor soviético a finales de los 80, Cuba entró de repente en caída libre, lo cual forzó a la población de la isla a enfrentar por primera vez un muy serio desabastecimiento de productos y servicios esenciales. El Estado cubano siempre ha sido renuente a abrir la llave de paso del mercado, puesto que en el espacio económico que el régimen configuró para sí mismo desde 1960 y más tarde con la Ofensiva Revolucionaria de 1968, solo cabía la propiedad estatal de todos los bienes de producción. Castro sermoneaba sobre el mercado y el dinero, denunciando que ambos tienen un alto poder de corrupción, como si el origen familiar del líder de la guerrilla hubiese sido proletario.

Desde luego que Castro pudo darse ese lujo, pues el masivo subsidio que recibía de la URSS cubría con creces las necesidades más elementales de reposición de capital, materias primas e insumos de todo tipo. No obstante, la permanente demanda insatisfecha de la población propició algunos simulacros aperturistas que ensayó el poder desde los años 80. El primero fue bautizado por el pueblo como «Los Merolicos», cuya implantación en las plazas de las ciudades apenas duró, pues tanto cuentapropistas como artesanos fueron perseguidos con saña hasta su total extinción, sin importar que estuvieran en posesión de licencias expedidas por el propio Estado.

De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte I)

Recientemente el Estado finalmente terminó implantando las mipymes, las cuales se desenvuelven en un marco de legalidad estrecha y asfixiante. El Estado permite el trabajo no estatal pero bajo reglas muy distintas a cómo funciona un negocio real en un país de economía de mercado. Los frenos y obstáculos van desde la prohibición de determinadas actividades, control de precios, impuestos altos y pagos fijos, incluso si la pequeña empresa no realiza su mercancía. Las inspecciones estatales están siempre a la orden del día. Cuba posee un mercado legal de insumos muy restringido y disfuncional. Para que cualquier negocio funcione se necesitan materias primas, envases, equipos, repuestos, transporte, electricidad estable, agua, y nada de eso el Estado lo garantiza. Con lo cual, los dueños de mipymes están forzados a conseguir todo esto en el mercado informal. En resumen: para operar tienen que saltarse las reglas.

El Estado al final siempre gana la partida, convirtiendo la existencia de la propiedad no estatal en un juego de suma cero, pues está armado de poder discrecional, capacidad de castigo selectivo y extorsión administrativa encubierta. La ley en Cuba no funciona como protección, sino como amenaza latente. Las mipymes no modificaron el problema de fondo. Importan mediante empresarios subordinados al Estado, les cobran comisiones absurdas, dependen de permisos revocables, carecen de seguridad jurídica y pueden ser cerradas por «interés público».

«La mayoría de los emprendedores funcionan en una zona con total opacidad porque el sistema no permite operar legalmente de forma eficiente. El Estado mira para otro lado con las ilegalidades, mientras no afecte a sus intereses. No es que los empresarios pretendan incumplir la ley a priori, sino que la misma fue concebida para incumplirla. Y esto no es en modo alguno una anomalía, es una astuta forma de control estatal». Jesuhadin Pérez (youtuber en Facebook).

De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte I)

Yendo un paso más allá y para curarse en salud, el gobierno decidió que las mipymes mayoristas que compran alimentos directamente a las compañías de EE. UU. fueran administradas por personal retirado del Ejército o el MININT: «La fuerza de la familia radica en la lealtad de sus miembros». – Meyer Lansky.

Las medianas o minoristas que tratan con la población están también, de un modo u otro, en manos de familiares o personas relacionadas con el estamento militar y gozan de patente de corso estatal para operar. O sea, tal y como cualquier familia mafiosa sustentada en lazos familiares o de subordinación a un jefe o capo.

Todo muy tradicional, muy meridional, sumido en una estructura empresarial de naturaleza familiar, cerrada a cal y canto, o sea, concebida para que el capital invertido describa un movimiento circular, al final del cual retorna a su origen multiplicado, tal y como hacía Ángel Castro, el padre de Fidel, en el emporio agrícola de su extenso latifundio en Birán, el cual evocaba a la región española más repelente a la modernidad capitalista en España: Galicia.

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