He estado pensando en… realidades que me preocupan

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Por Padre Alberto Reyes (Especial para El Vigía de Cuba)

Esmeralda, Camagüey.- Tendemos a pensar en categorías generales: el pueblo, la gente, la sociedad… y, sin embargo, todas esas categorías están hechas de personas concretas, que viven existencias no sólo concretas sino únicas: sus alegrías, sus sufrimientos, su hambre, su necesidad, sus sueños, su presente y su futuro, son concretos. Su tiempo es también concreto y único, y una vez que pasa, no vuelve, no se recupera.

Por eso me preocupan situaciones que encuentro, y que no sólo condicionan el presente sino el futuro de la gente concreta que vive en esta tierra.

Me preocupa el analfabetismo juvenil. Desde hace años soy testigo de adolescentes que leen como niños principiantes, incapaces de mantener una lectura fluida e incapaces de interpretar lo que a duras penas pronuncian.

Pero cada vez más me estoy encontrando adolescentes que, literalmente, no saben leer.

Sus profesores, siguiendo las directrices del Ministerio de Educación, que impiden suspender a ningún estudiante, tenga o no los conocimientos requeridos, los han ido pasando de grado de año en año, pero un aprobado artificial no impide la falta de habilidades, y está aumentando la población adolescente y juvenil que no sabe leer.

A esto se suma la práctica cada vez más extendida de que los profesores pongan los exámenes y acto seguido dicten las respuestas, sin hablar ya de la decisión adoptada en este último curso escolar de eliminar los exámenes finales. La desmotivación y la apatía hacia el estudio que esto genera es como un virus que se incuba.

Ahora, nuestros niños se sienten bien, incluso felices, sin comprender que se les están cerrando muchas puertas futuras.

Me preocupa el trabajo infantil y adolescente: niños vendiendo cosas para ayudar a sus padres, o mendigando dinero y comida; adolescentes haciendo hornos de carbón y evadiendo a las autoridades forestales para que no los multen, infancias y adolescencias perdidas, irrecuperables en medio de la necesidad.

Me preocupa la extensión de las drogas en la población juvenil, y me aterra el silencio mediáticos sobre este tema, el tabú por encima de la verdad, la imagen política por encima de la salvación de los jóvenes.

Me preocupan todas esas personas a las que no se les está pagando su ya exiguo salario “porque no hay dinero”, como si esa justificación los salvara del hambre y la necesidad. Me preocupan las personas, ancianas muchas de ellas, cuyo dinero va a tarjetas que los obligan a hacer largas colas en las puertas de los bancos, con la

esperanza de cobrar una suma equivalente apenas a dos dólares, personas que vienen muchas veces de pueblos distantes y que tienen que regresarse con las manos vacías, porque no hay dinero, o no hay electricidad, o no hay la conexión necesaria.

Y me preocupa la violencia creciente, abierta, descarada, impune, que está sumergiendo a nuestras ciudades en el miedo y la inseguridad, y sobre todo en la vulnerabilidad y la impotencia, porque nadie hace nada

porque nadie quiere “buscarse problemas”, y ese “nadie” incluye también a la policía, rápida y eficaz para actuar contra los que protestan públicamente, pero totalmente incapaz de garantizar la seguridad de la gente, de las personas concretas que forman este pueblo.

Sí, me preocupa mi pueblo, me preocupa el presente y el futuro de las personas concretas que forman este pueblo.

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