Neos aterriza en Holguín, la propaganda vuelve a levantar vuelo

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Por Anette Espinosa

Holguín.- Lo recibieron con un arco de agua, una ceremonia de bienvenida y discursos cargados de optimismo. Casi parecía que el Boeing 787-9 de Neos Air no aterrizaba en Holguín, sino en Dubái. El problema es que, apenas el turista salga del aeropuerto, descubrirá que la pista terminó y empieza Cuba: apagones, escasez de combustible, transporte colapsado y una economía que lleva años haciendo escala en la desgracia.

La prensa oficial celebró el vuelo como si fuera el acontecimiento del siglo. Hablan de una nueva conexión entre Roma y Holguín, de playas paradisíacas, naturaleza exuberante y cultura. Todo muy bonito. Lo que no dicen es que muchos de los cubanos que llegan en esos vuelos traen las maletas cargadas de medicamentos, piezas para electrodomésticos, leche en polvo, ropa y cualquier cosa que ayude a sus familiares a sobrevivir. Ese equipaje vale más que cualquier campaña de promoción turística.

Una pasajera aseguró que esta ruta era muy necesaria. Y tiene razón. Lo curioso es que esa necesidad no nace precisamente del auge económico del país, sino de la enorme cantidad de cubanos que han tenido que rehacer sus vidas en Europa y que ahora buscan la forma más sencilla de regresar a abrazar a los suyos. El verdadero éxito de esta ruta no es el turismo; es la emigración que el propio sistema ha provocado.

Mientras tanto, el Ministerio de Turismo insiste en vender un Holguín abierto al mundo. Abierto sí está, pero sobre todo para que entren divisas. Porque al cubano de a pie le sigue resultando más fácil ver aterrizar un Dreamliner que encontrar un cartón de huevos a precio razonable. Esa es la otra postal que no aparece en los folletos turísticos ni en los reportajes de la televisión.

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