Las conquistas que hay que defender

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Ya todo el mundo habló del tema, pero entre la jodienda de la conexión —mi zona será muy guay, pero la solución conectividad no pasa por «la tierra»— y las mil y una noches de bateos, escaramuzas y batallas… En fin… La mía:

La música, el humor, la literatura… Las artes —con y sin comillas— reflejan una realidad. Sintetizan una espiritualidad, cualquiera sea su naturaleza. Sobre todo, de las zonas sociales más activas en la creación de cada una de ellas. Por ello —por su razón de comercio-fiesta-visibilidad— los temas reguetoneros pegan. Hay una apropiación del que crea que halla recepción en el público al que lo dirige.

Vivimos una sociedad-jungla. Por millones de razones que van desde el hacinamiento familiar hasta la miseria económica, pasando por la precaria calidad de la educación, la distorsión de la misión y la calidad de las fuerzas del orden público, el abandono total por parte del gobierno de grandes masas poblacionales… La gente siempre va a hacer congas, chistes, fiestas; no importa lo tremendamente mal que vivan. Ya dejen de querer que el día sea de una sola manera. No funciona así el cerebro.

La «famosa» conga de Matanzas —o «conga de la matanza», que quedaría mejor— no alude a una insubordinación contra el estado de cosas que nos han llevado a la precariedad que vivimos. Alude a una marginalidad que suplanta dirigir su violencia contra el establishment por la violencia per se. Ojo, yunta: en ninguno de los casos te suben luego la jabita.

El que haya sido puesta de ejemplo de cómo se divierte el pueblo —y de ahí que la conga no diga «protesta que yo te subo la jaba»— es, cuando menos, cínico. Porque no logra demostrar su punto, sino la evidencia de ser un Estado Fallido en toda su magnitud, marginalizando a tal punto a la gente que la hace capaz de cantarle a la violencia más pedestre y descarnada, sin maquillaje: instando al asesinato.

No viví otra época en la que la marginalidad llevara a tal punto sus expresiones «artísticas». Y esta la entrecomillo no por no ser genuina —que lo es—, sino por la torcedura de brazo que la sociedad aplica sobre el individuo para sacar lo peor de sí de esta manera.

Esto —y todo lo que ha llevado a esto— es lo que veo yo cuando escucho o leo «las conquistas que hay que defender». Sin más.

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