
La virtud del patriota
Por Jorge L. león (Historiador e Investigador)
Houston.- Voy a entrar en un terreno difícil. Lo hago con respeto hacia hombres y mujeres que durante años han soportado cárcel, persecución, exilio, amenazas y sacrificios por la libertad de Cuba. Sus méritos son innegables y merecen el reconocimiento de todos.
Precisamente por ese respeto considero necesario expresar una preocupación.
El mayor mérito de un patriota no es alcanzar un cargo; es contribuir a conquistar la libertad de su patria. Ese debe ser siempre el objetivo supremo. Cuando esa aspiración comienza a desplazarse para dar paso a proyectos personales, candidaturas prematuras o disputas por el protagonismo, algo empieza a debilitarse. Así lo enseña la historia.
Las grandes causas fracasan cuando el interés colectivo cede espacio a las ambiciones individuales. No ocurre de un día para otro. Comienza con pequeños gestos, con rivalidades discretas, con egos que buscan imponerse, con la idea de que el premio de la lucha debe ser el poder.
José Martí comprendió ese peligro como pocos. Escribió: «Yo alzaré el mundo. Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí ya es hora.»
No habla quien aspira a gobernar. Habla quien entiende que servir a la patria es suficiente recompensa.
Algo semejante ocurrió con Máximo Gómez. Después de haber entregado su vida a la independencia, rechazó la presidencia de Cuba. No peleó para convertirse en gobernante. Peleó para que existiera una República donde el pueblo pudiera elegir libremente a sus gobernantes.
Ese es el ejemplo que hoy necesitamos recordar.
La libertad de Cuba no pertenece a ninguna organización, a ningún dirigente ni a ningún grupo. Pertenece a toda la nación. Ningún sacrificio, por heroico que haya sido, otorga derechos especiales sobre la futura República.
Por eso no creo en quienes llegan pensando primero en ocupar espacios de poder. Creo en quienes trabajan más de lo que hablan; en quienes hacen más de lo que exigen; en quienes entienden que la patria es un deber antes que una oportunidad.
No queremos nuevos caudillos. Queremos demócratas. Queremos instituciones fuertes. Los líderes son importantes, pero las instituciones son aún más importantes, porque sobreviven a los hombres y garantizan la continuidad de la libertad.
La historia enseña que las repúblicas sólidas no nacen del culto a una personalidad, sino del respeto a la ley, a las instituciones y a la voluntad soberana del pueblo.
Primero conquistemos la libertad. Después construiremos la República. Entonces será el pueblo, mediante elecciones libres, quien escoja entre los mejores a quienes deban gobernar.
La virtud está en la lucha, no en el premio. Primero Cuba. Después nosotros.






