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Por Alina Bárbara López Hernández

Matanzas.- Este 18 de junio se cumplen dos años de que Jenny Pantoja y yo fuéramos detenidas arbitrariamente y golpeadas con brutalidad por oficiales de la policía en el borde de un tramo de la carretera de Vía Blanca, cuando nos dirigíamos a La Habana.

Como es usual, las víctimas fuimos instruidas de cargos por «atentado» a la oficial que nos golpeó, mediante una farsa que, tras pasar por fiscalía y demorarse más de un año, pasó al Tribunal Municipal de Matanzas, donde el expediente, firmado por la fiscal Ana Lilian Caballero Arango, que pide tres y cuatro años de prisión, respectivamente, para Jenny y para mí, duerme en la gaveta de algún funcionario por órdenes de Seguridad del Estado.

Durante estos dos años, hemos permanecido en condiciones de prisión domiciliaria y reguladas. Aun así, continuamos ejerciendo el derecho a la protesta no violenta, si bien nos han detenido varias veces.

No se trata de egocentrismo ni locura, como han dicho los represores para intentar desacreditar nuestra perseverancia. Se trata de dignidad. De mantener la cabeza erguida y defender nuestros derechos ciudadanos. De no morir de brazos cruzados, como dice la compatriota Madelyn Sardiñas desde Camagüey.

Nuestra Cuba y su gente están en medio de la peor crisis de la historia reciente, y no es desde hace tres meses, esto lleva demasiado tiempo así. No estoy dispuesta a esperar por salvadores. La protesta social, antes de ser un derecho, siempre ha sido la vía utilizada por la gente para transformar sus circunstancias de vida.

Hoy está reunido un Pleno extraordinario del PCC que al parecer volverá a intentar presentar la vía de una reforma económica como el camino al cambio. Un camino que han anunciado incontables ocasiones y que no nos llevará a ninguna parte.

La crisis esencial en Cuba es de naturaleza política, siempre lo fue aunque no éramos capaces de entenderlo, de modo que debemos actuar políticamente.

Mañana 18 de junio, Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, fecha establecida por la Asamblea General de la ONU el 21 de julio de 2021, paradójicamente solo diez días después de que el presidente cubano lanzara su llamado al combate contra tantos cubanos, intentaré llegar al Parque de La Libertad de Matanzas para estar en protesta durante una hora, entre 11 y 12 del mediodía.

No iré a reunirme con la CIA, como ha hecho el Ministerio del Interior; ni con el Comando Sur, como ha hecho las FAR; no pediré que «Trump lidere el camino», como le dijo el nieto de Raúl Castro a un político republicano de Estados Unidos; yo voy a sentarme cerca de la estatua de un patriota cubano, de José Martí, a exigir que los presos políticos que languidecen entre rejas sean liberados mediante una amnistía general, porque ese debe ser el primer paso antes de cualquier otro.

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