
Viví en el monstruo
Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- “Viví en el monstruo y conozco sus entrañas”. No como Martí, que vivió en Estados Unidos por un tiempo relativamente corto y definió a la política norteamericana como un monstruo. Yo conozco la verdadera definición de monstruo.
Una carta incompleta, una metáfora política aislada, es como un cuento de hadas sin final. Una frase inconclusa, una carta rescatada de un baúl de retóricas desechables, no puede determinar por sí sola el pensamiento práctico de un hombre como José Martí.
Es lo mismo que interpretar en sentido estrictamente práctico, y no filosófico, las palabras de Jesús en el Sermón del Monte cuando, después de las Bienaventuranzas, dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal deja de ser salada, ¿para qué sirve? Para ser echada fuera y hollada por los hombres”.
La enseñanza es sencilla: somos la sal de la tierra. Debemos ser como la sal, precisos y equilibrados. Demasiada sal arruina los alimentos; muy poca también. Hay gobiernos que exageran en la cantidad de sal y otros que ni siquiera llegan al punto necesario.
Como decía Máximo Gómez: “Los cubanos, si no llegan, se pasan”. Otros afirman que, si no lo hacemos a la entrada, lo hacemos a la salida. Tal vez ambas expresiones reflejen una característica de nuestro carácter nacional: la tendencia a movernos entre los extremos.
Por eso tenemos que olvidar nuestras diferencias. Cuba debe ser de todos y para el bien de todos. Debemos rescatar, desde el fondo más profundo del mar, la perla que el castrismo ha mantenido hundida durante décadas.
Esa perla es la nación cubana; una nación que pertenece por igual a quienes viven dentro de la isla y a quienes viven fuera de ella, a quienes piensan de una manera y a quienes piensan de otra. El futuro de Cuba no puede construirse desde la exclusión, sino desde el encuentro.
Solo entonces podremos devolver a la superficie aquello que nunca debió ser sepultado: la libertad, la reconciliación y la esperanza.
Piénsenlo, porque yo no estaré aquí siempre para recordárselo.






