
Parches sobre un cadáver: la hora de los sastres nuevos
Por Jorge de Mello ()
La Habana.- Quiero dejar, escrita al vuelo, mi opinión, muy sintética, como ciudadano cubano de a pie.
He visto esta noche las declaraciones que un desmejorado Diaz Canel ofreció a la prensa. Su exposición llega en un momento extremadamente crítico, presionada por el ultimátum del Imperio. Cuba, su destino, es algo que nos concierne a todos los cubanos y no solo a un grupo.
Esos cambios que proponen ahora, no son otra cosa que un refrito de las promesas y experimentos realizados durante seis décadas sin tener en cuenta el bienestar, las necesidades ni los derechos de la población.
Hace 35 años una propuesta de reforma como esa quizá hubiera funcionado, pues el panorama era muy distinto al actual. Pero todo ha cambiado, el mundo es diferente, el país está totalmente arruinado, se han roto las esperanzas, y la gente ha ido perdiendo la ingenuidad y la capacidad de confiar.
Nos dicen que están dispuestos a oir propuestas. ¿Por qué ahora? Es sabido que muchos económistas, politólogos y expertos han planteado, durante años, todo tipo de ideas para mejorar la situación de un país que lleva décadas desangrándose, y los que deciden absolutamente todo han hecho oidos sordos.
Vuelven a pedirnos que confiemos en ellos. ¿Por qué tenemos que confiar en los que han destruido meticulosamente nuestras vidas? ¿Por qué confiar en los que han hecho las cosas mal, y reprimen brutalmente a aquellos que expresan su inconformidad con la gestión del gobierno?
Ese simulacro de reformas ha llegado demasiado tarde. Cuba necesita cambios estructurales profundos y deben realizarse con la participación de todos los cubanos mediante mecanismos democráticos. Pienso que únicamente así podrán sanar nuestras graves heridas como nación.
Llevan más de sesenta años poniéndole parches a un camisón cuyo tejido está tan raído que no aguanta una puntada más. Necesitamos vestidos nuevos confeccionados por nuevos sastres. Se acabó el tiempo de ganar tiempo.






