La Cuba que yo quiero: un clamor desde dentro que no encuentra interlocutor

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Por Ulises Aquino Guerra ()

La Habana.- Cada noche, en medio de la inactividad forzosa que impone la escasez de casi todo, me acuesto atento a las noticias. Sigo las proyecciones de los medios, los influencers, la Casa Blanca, el Congreso, el Comando Sur, la CIA, el exilio cubano y sus líderes, los programas nacionales y hasta las entrevistas del presidente cubano.

Desde aquí adentro, sin embargo, lo único que percibo es la misma queja histórica por el bloqueo y por cada medida que el gobierno de Estados Unidos adopta contra GAESA, contra los familiares del régimen, contra los gobernantes y contra las instituciones que ellos consideran hostiles.

Del otro lado ya tienen propuestas de presidentes, de partidos políticos, de retomar la Constitución de 1940, de invasión —si por aire, quirúrgica—, de bloqueo petrolero. Y no pocos ya están casi sentados en los nuevos poderes que diseñan. Sin embargo, ninguna de las dos partes en pugna aterriza en una pista segura que tenga en cuenta los anhelos de los cubanos, rehenes de una situación desesperante. Se habla de la inversión inicial necesaria para sacar adelante tal o cual proyecto, de los fondos de la diáspora para invertir en la economía. Etcétera, etcétera, etcétera.

Terminar la exclusión y la persecución

Cuba cuenta con capital suficiente para salir de este atolladero y, aunque necesita una gran inversión económica, no necesita endeudar más su economía. Muy al contrario: existe suficiente capital material, en activos y en recursos humanos, para salir adelante. Lo que no existe es la voluntad política de renunciar a todas las leyes, prohibiciones y al aparataje burocrático que ha destruido el tejido industrial y económico de la nación.

No existe la voluntad de cambiar las prioridades de un Estado elefantiásico hacia menos Estado y más libertades en manos de los empresarios y emprendedores. No existe la capacidad de entender el rol de cada cual en una nueva nación tolerante y abierta.

Un gobierno que sepa convivir con todos los criterios y posiciones políticas. Que renuncie a la persecución política y a los controles impuestos, que cuestan más de lo que el propio país produce. Activos para sacar adelante la economía existen; capital humano, también. Lo que falta es la hidalguía, el coraje y la voluntad patriótica suficiente para reconocer el camino que beneficia a la nación, que no es el que se ha recorrido.

Con todos se puede salir adelante, los de aquí y los de allá, pero es necesario cambiar todo lo que se tiene que cambiar. Lo primero es erradicar la exclusión política y eliminar para siempre las decisiones basadas en los mismos postulados ideológicos que cierran las puertas al desarrollo.

Los cambios, aunque ustedes no quieran

Hay que partir de la base de renunciar de una vez y para siempre a luchar contra la riqueza, en lugar de luchar contra la miseria que estamos viviendo. Cambiar la sordera política que impide el derecho ciudadano a protestar y a cuestionar. Dejar de buscar en el pasado una Cuba que no existe y proyectar, por fin, el futuro.

No existe la Cuba de la Constitución del 40, ni la Cuba de los años 50, ni la Cuba soñada por muchos después de 1959. Nos queda un país arruinado, más por el voluntarismo ideológico y la terquedad política que por cualquier otra causa. Un país que nunca ha logrado que los cubanos puedan vivir con la dignidad, la libertad y la decencia con que viven los ciudadanos más pobres de la tierra. Sin los otrora éxitos en Salud, Educación y Deporte que nos distinguían y que, como la práctica demostró, fueron subvencionados por los soviéticos y el campo socialista. A cambio de otras cosas.

Los cambios necesarios los tienen que hacer ustedes. No los americanos, ni la diáspora, ni nadie más. Son ustedes quienes deben tener el suficiente coraje para hacerse a un lado, renunciar a los preceptos que condicionan la realidad que nos ha traído hasta aquí. Entonces no habrá necesidad de bombas ni de balas, si escuchan el clamor de un pueblo harto de vivir en una miseria condicionada por sus decisiones y por la falta de voluntad para ser tenidos en cuenta.

Corresponde una consulta popular sobre lo que quiere el pueblo, no sobre lo que el pueblo sabe que quieren ustedes. Urge, antes de que los cambios los hagan otros y tampoco sean los que el pueblo quiere, ni los que realmente necesita con urgencia. Aunque, puestos a cómo estamos viviendo, cualquier cosa que suceda les parece mejor.

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