¿Cómo se prepara un curso escolar en un país donde nada funciona?

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Por Anette Espinosa

Santiago de Cuba.- Hay que reconocerle una virtud a la dictadura cubana: vive en una dimensión paralela. Mientras el país entero anda preguntándose si habrá corriente esta noche, si aparecerá un pan en la bodega o si el próximo apagón durará 30 ó 50 horas, en algún despacho iluminado por una planta eléctrica alguien decidió que lo urgente era preparar el curso escolar 2026-2027. Todavía no sabemos si Cuba llega a septiembre y ellos ya andan repartiendo programas, cronogramas y discursos triunfalistas.

Durante dos jornadas, en la Escuela Pedagógica Floro Regino Pérez Díaz y el preuniversitario Cuqui Bosch, de Santiago de Cuba, reunieron a directores, especialistas y funcionarios para debatir los desafíos del próximo período lectivo. ¿Desafíos? El primer desafío es que exista país donde impartir las clases. El segundo, que haya maestros. El tercero, que aparezcan alumnos, porque medio salón está en Nicaragua, en Guyana o cruzando la frontera de México. Pero no, ellos siguen hablando del «proceso de enseñanza-aprendizaje», como si el mayor aprendizaje del cubano no fuera sobrevivir cada día a esta ruina.

Como antesala del seminario reconocieron a dos Héroes del Trabajo de la República. Ahora bien, el verdadero héroe del trabajo en Cuba es el maestro que llega al aula después de pasarse la madrugada espantando mosquitos por culpa del apagón, desayuna un buchito de café aguado y camina varios kilómetros porque no apareció una guagua. A ese sí deberían ponerle una estatua en la entrada del Ministerio de Educación. Los otros reciben diplomas; este recibe promesas.

Y para rematar, anunciaron que el próximo curso estará marcado por la consagración, el orden, la disciplina y la exigencia. Es el mismo libreto de siempre. Nunca hablan de salarios dignos, de escuelas que se caen a pedazos, de la falta de profesores o de los miles de jóvenes que prefieren cualquier cosa antes que estudiar una carrera pedagógica. En Cuba las consignas nunca escasean; lo que desapareció hace rato fue la realidad que las sostenga.

Lo más cómico de todo es que pretenden vender optimismo cuando el país entero parece un paciente conectado a un respirador artificial. Preparan el curso escolar del 2026-2027 con una tranquilidad admirable, como si septiembre estuviera garantizado. Uno no sabe si reírse o preocuparse. Viendo cómo marcha esta desgracia, la pregunta ya no es cómo será el próximo curso escolar. La pregunta es mucho más sencilla: ¿habrá todavía un país donde inaugurarlo?

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