
El derecho a disentir también es libertad
Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- Ahora resulta que no se puede criticar a ningún preso que salga de las cárceles castristas y diga que confía en sus carceleros, como si la Primera Enmienda solo pudiera ejercerse cuando la opinión coincide con lo políticamente correcto. En otras palabras, parece que la libertad de expresión deja de ser válida cuando contradice las ideas de quienes creen poseer la verdad absoluta.
Déjenme dejar algo bien claro. La Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege cinco libertades fundamentales: la libertad de religión, la libertad de expresión, la libertad de prensa, el derecho de reunión pacífica y el derecho a solicitar al gobierno la reparación de agravios. Todo individuo puede criticar, opinar y expresar lo que piensa sin temor a que el gobierno lo castigue por ello. Como no estamos en Cuba y en Estados Unidos no existe una dictadura que persiga las opiniones, no hay motivo para poner en tela de juicio el derecho de los demás a expresar las suyas, aunque no nos gusten.
He visto a algunos salir en las redes sociales defendiendo a capa y espada al disidente Luis Manuel Otero Alcántara. Sostienen que no se le puede criticar porque eso divide a los cubanos, desenfoca el objetivo de la lucha por la libertad de Cuba y, algunos incluso, llegan a afirmar que cuestionarlo equivale a darle un espaldarazo al régimen de La Habana.
Las interrogantes
¿Y qué?
¿Acaso los cubanos hemos olvidado nuestra historia? ¿Olvidamos que, precisamente por no cuestionar a líderes carismáticos, hoy seguimos pagando las consecuencias de tantos años de silencio?
Los cubanos parecemos padecer ese síndrome que nos hace creer que nuestro vino, aunque sea amargo, sabe mejor que todos los demás. Con demasiada frecuencia confundimos la lealtad con la obediencia y la unidad con el silencio.
Yo creo que la crítica es la base de todo progreso. Creo en la libertad de expresión per se, sin apellidos ni condiciones. La diferencia está en la actitud de quien la recibe: una crítica puede asumirse como un consejo o como una ofensa. Si alguien es incapaz de aceptar una crítica, es porque su ego ha terminado imponiéndose a su razonamiento. No somos toros que embisten el capote con los ojos cerrados, sin detenerse a medir las consecuencias.
No me digan qué tengo que decir ni cómo debo decirlo. Lo digo porque soy libre de hacerlo. Lo digo porque, si una crítica puede ayudar a corregir errores, entonces vale la pena expresarla. Y porque, muchas veces, el silencio y el miedo a hablar terminan siendo mucho más perjudiciales para el futuro que la euforia del presente.
No me regalen peces de cuarenta mil dólares, enséñenme a pescar, para poder repartir la pesca, con los que no pueden pescar.






