
Lo importante es el negociador
Por Eduardo Díaz Delgado ()
Madrid.- Hay noticias que suelen ser trascendentes. Otras interesantes. En esta, lo verdaderamente interesante de toda esta historia no es que existan conversaciones, reuniones o contactos. Lo interesante es quién aparece sentado en la mesa.
Porque Raúl Guillermo Rodríguez Castro no es ministro, no es presidente, no dirige ninguna institución civil del Estado. No ha sido elegido por los cubanos para representar a nadie. Sin embargo, aparece vinculado a discusiones sobre el futuro económico del país como si eso fuera lo más normal del mundo.
Y aquí viene la pregunta para los que todavía defienden el sistema: ¿quién decidió que el nieto de Raúl Castro tiene autoridad para hablar del futuro de Cuba? ¿Dónde se votó eso? ¿Qué cargo le otorga esa legitimidad?
Si una persona sin responsabilidad pública, sin mandato popular y cuyo principal mérito político es su apellido puede participar en conversaciones de este nivel, entonces estamos viendo la realidad desnuda. Sin propaganda. Sin consignas. El futuro de Cuba no lo decide el pueblo. Lo decide el entorno de quienes siempre han mandado.
Por cierto: durante días muchos se dedicaron a negar, minimizar o ridiculizar todo esto. Ahora que aparecen entrevistas, fotos y confirmaciones, algunos parecen más preocupados por desacreditar a quienes lo contaron que por explicar lo ocurrido.
Ahí está el eterno problema del relato oficial: cuando la realidad termina alcanzándolo, nunca admiten que mintieron. Simplemente pasan a la siguiente mentira. Y mientras tanto, Cuba sigue funcionando bajo una lógica tan simple como obscena: «Raúl es Raúl». Y por lo visto, el nieto también.
El dueño de la finca no tiene cargo, pero manda. El heredero tampoco tiene cargo, pero negocia. Si eso no se parece a una dinastía, que venga alguien y me explique la diferencia.






