
La bendición y la muerte de un dictador
Por Luis Alberto Ramírez ()
“Dicen que la muerte fue a buscarlo para llevarlo al cementerio, pero lo vio tan serio que decidió dejarlo”.
Miami.- Con este verso del compositor cubano Miguel Matamoros doy comienzo a este tema, porque hay personas tan malas que ni la muerte se las lleva. Hoy Raúl Castro cumplió 95 años, pero ha sido tan malo que ni el infierno lo quiere.
Hay veces que me pregunto: ¿será la muerte una tragedia o una bendición? Porque, de ser una tragedia para quien muere, entonces Fidel Castro no hubiera vivido 92 años, y Raúl ya cumple 95 y sigue aquí.
Estos dos personajes le han hecho tanto daño a los cubanos que, si la muerte fuera un castigo, se los habría llevado hace mucho tiempo. Por el contrario, los dejó vivir y hacer daño durante casi un siglo.
¿Para quiénes es entonces el castigo? Hay un dicho que afirma que “los malos viven más”, por lo que cabe preguntarse: ¿cuál es el castigo, la vida o la muerte?
Es una paradoja que debe explicarse filosófica y materialmente, y no moralmente, porque no existe castigo en la muerte, sino en la vida. En ese sentido, la justicia divina parece menos efectiva que la justicia humana.
¿Se imaginan a Raúl Castro, a sus 95 años, enfrentando la justicia de los hombres en un tribunal estadounidense y cumpliendo una condena de prisión por el resto de su vida? Ese sería un castigo más adecuado que permitir que la muerte viniera a buscarlo sin haber respondido por los crímenes que se le atribuyen.
Fidel murió sin pagar. Sería injusto que Raúl tuviera el mismo destino.
Yo prefiero que pague en vida lo que con su muerte ya no podría pagar.






