
Ejercicio de Prevención o exhibición de control para vestir el miedo de legalidad
Por Jorge Sotero ()
La Habana.- Usted, que lee Granma y cree que el Quinto Ejercicio Nacional de Prevención y Enfrentamiento al delito es para proteger al pueblo, permítame desmontarle el teatro de una vez. Porque no, amigo. No se engañe. Esto no va de combatir la corrupción, ni las drogas, ni las ilegalidades. Eso es solo la cortina de humo que le echan al campesino para que no mire lo que realmente está pasando.
Este ejercicio tiene un solo objetivo: meterle miedo a la población. Que el cubano sometido sepa, de una vez por todas, que lo están vigilando. Que cada paso que da, cada queja que suelta en la cola del pan, cada murmullo en el patio de su casa, puede costarle una noche en los calabozos de la Seguridad del Estado.
Porque si de verdad hubiera interés en luchar contra el crimen, dígame: ¿cómo es posible que los homicidios y los feminicidios sigan ocurriendo semana tras semana sin que la policía mueva un dedo? ¿Cómo explica que usted pueda llamar diez veces al número de emergencia para denunciar un robo en su vivienda y nadie aparezca? ¿Y que sí aparezcan, en cambio, como moscas sobre la miel, cuando alguien pinta un cartel contra el castrismo en cualquier pared de cualquier ciudad?
Ahí sí, ahí sí que los vemos. Con cascos, con porras, con patrullas. Pero para lo demás, para la violencia doméstica, para el desvalijamiento de una vivienda, para el asalto a un anciano en la calle, la respuesta es siempre la misma: silencio, indiferencia, impunidad.
Todo vale a la hora de justificar el garrote
Este ejercicio, el quinto ya, no es más que un ritual de control. Un recordatorio anual de que el Partido sigue teniendo la sartén por el mango. De que la «tranquilidad ciudadana» de la que habla Díaz-Canel se construye sobre el miedo, no sobre la justicia. Porque tranquilidad no es lo mismo que sumisión. Y orden interior no es sinónimo de represión. Pero ellos, los dueños del feudo, han decidido que cualquier acto de descontento —un cacerolazo, una protesta, una pintada— es un «hecho vandálico» estimulado por el enemigo externo. Siempre el enemigo externo. Nunca la razón del que se muere de hambre mientras los generales siguen nadando en combustible.
Y aprovechan, claro, las circunstancias. El «recrudecido bloqueo», el «cerco petrolero», la «guerra psicológica». Todo vale para justificar el garrote. Porque la estrategia es vieja y conocida: cuando la cosa se pone fea, cuando la gente empieza a protestar porque no hay luz, ni comida, ni esperanza, entonces sacan el ejercicio de turno, pegan carteles en los consejos populares y movilizan a los CDR para que delaten al vecino. No es prevención, es intimidación. No es seguridad ciudadana, es control político. Y lo más triste es que muchos todavía se lo creen.
Alimentos no, represión sí
Según Granma: la escasez de recursos podría provocar un incremento de la actividad delictiva. Y tiene razón. Pero la respuesta del régimen no ha sido garantizar alimentos, ni reparar los transformadores, ni abrir la economía. La respuesta ha sido más policías, más ejercicios, más amenazas. Porque el castrismo no resuelve problemas: los reprime. Y cuando no puede reprimir, fabrica un enemigo externo y le echa la culpa. Así de fácil. Así de cínico.
Así que ya lo sabe. Cuando vea titulares grandilocuentes sobre «la batalla contra el delito» y «la protección del sistema electroenergético», no se distraiga. No es por usted. Es contra usted. Porque en este país, la única ilegalidad que realmente persiguen es la que cuestiona el poder. Lo demás, los robos, los homicidios, los feminicidios, las estafas, la droga que entra por los puertos sin que nadie la vea, todo eso sigue ahí, campando a sus anchas. Mientras tanto, el Ejercicio Nacional de Prevención sigue su curso. Y el pueblo, un año más, aprende a callar. No por disciplina. Por supervivencia.






