
Sancti Spíritus es destacada a nivel nacional por cumplir la campaña de tabaco sol en palo
Por Luis Pedraza
Sancti Spíritus.- Los espirituanos vuelven a coronarse como provincia destacada por el Día del Campesino. Y uno lee la noticia esperando encontrar el milagro agrícola del siglo: supermercados repletos, mercados con viandas hasta en oferta, leche para niños sin necesidad de encomendarse a San Lázaro y carne de res sin tener que heredarla de un abuelo. Pero no.
La hazaña consiste en haber cumplido la campaña de “tabaco sol en palo”, mantener unas cuantas fincas agroecológicas y, atención aquí, ser los primeros en entregar la Declaración Jurada. El campesinado salvando la patria… a golpe de papeles.
Lo dice Escambray en ese tono épico con el que te venden cualquier nimiedad. “Sancti Spíritus ratificó su condición de provincia destacada por cuarto año consecutivo”. Cuatro años siendo destacados y el cubano sigue haciendo malabares para conseguir un tomate medio deprimido y una libra de arroz que parece contrabando internacional.
Hablan de 29 mil asociados, 6 mil mujeres, 2 mil jóvenes y 198 cooperativas, como si estuvieran describiendo la estructura organizativa de una potencia agrícola nórdica. Uno termina de leer y casi imagina a Sancti Spíritus como una mezcla entre Holanda y Nebraska. Sales a la calle, sin embargo, y la realidad te pega una galleta: precios criminales, escasez crónica y la eterna promesa de que ahora sí viene la abundancia.
Luego aparece la joya de la corona: más de 200 campesinos con paneles fotovoltaicos. Tremendo logro. O sea, el sistema eléctrico nacional colapsa, los apagones te dejan madurando como mango en ventana y entonces la solución heroica es ponerle paneles solares a algunos guajiros para que al menos puedan ver cómo se les secan las cosechas con iluminación propia.
No puede faltar las donaciones a centros de salud, educativos y asistenciales. En Cuba ya ni producir comida basta; ahora el campesino también tiene que parchear el sistema sanitario y educativo mientras el Estado se da palmadas en la espalda por la “estabilidad en la política de cuadros”.
Lo fascinante de esto no es lo que cuentan, sino lo que esconden. Hablan de tabaco, agroecología y declaraciones juradas, pero jamás del detalle incómodo: producir alimentos en Cuba se ha convertido en una especie de deporte extremo. Sin combustible, sin insumos, con precios absurdos y con un aparato burocrático que parece diseñado por alguien que jamás ha sembrado ni una mata de orégano.
Así que felicidades a Sancti Spíritus, provincia destacada. Cuatro años consecutivos acumulando reconocimientos simbólicos en una nación donde los premios abundan mucho más que los boniatos. Si siguen a este ritmo, para 2030 les dan una medalla por haber descubierto cómo hacer soberanía alimentaria con consignas, un panel solar y un saco vacío.






