
Democracia diferente: cuando la tiranía inventa palabras para no responder
Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- «Una democracia diferente» fue la respuesta de Bruno Rodríguez a un periodista estadounidense que le preguntó sobre las elecciones en Cuba y la imposibilidad de elegir entre varios candidatos.
En definitiva, no respondió nada. Porque ante la evidencia de un aparato tiránico, hecho a medida de los dictadores que someten a un país entero, simplemente no hay respuesta posible.
¿Qué significa «democracia diferente»? La democracia en el mundo entero es solo una: aquella donde hay pluripartidismo, donde hay varios candidatos, donde hay oposición y elecciones libres. Cualquier otra cosa es, sencillamente, un fraude.
Es imposible que una tiranía que cumple 67 años en el poder nos venga a hablar de democracia y a dar lecciones de sistema político.
La efectividad de un gobierno se mide por el nivel de vida de su pueblo. Y está clarísimo que, a pesar de sus justificaciones, los gobernantes cubanos jamás se han hecho responsables de la miseria en que tienen sumido al país.
Bruno es un testaferro adulador de la camarilla gobernante, y es sabido lo apetecible que es su sillón de ministro.
Marrero, por su parte, se dio cuenta hoy del sobredimensionamiento del gobierno y quitó seis organismos. A la par, ha desarrollado un invento a nivel de barrios para asegurar organopónicos, agricultura de barrio, recogida de basuras, gestión de construcción, transporte, etc.
Se trata de un movimiento juvenil que sustituya lo que el Estado quiere controlar y no puede. En otras palabras: el Estado se quita de encima sus obligaciones para dejárselas al pueblo.
Es muy difícil ver a una tiranía desmembrada, sin capacidad para proponer nada, sin posibilidad de controlar la espiral de miseria, aferrada al poder con consignas y poco más. Son cosas difíciles de entender, pero reales. Y solo hay un camino para librarse de ese cáncer humano.
La camarilla amenaza con la «guerra de todo el pueblo», incitando a morir por un país que no les ha dado absolutamente nada. Cuestiona hoy en Granma la cantidad de muertos que recaería sobre los estadounidenses si invadieran la isla.
El patriotismo ya no cuela ante el nivel de desesperación y miseria del pueblo.
Primeramente, les preguntaría: ¿Están ustedes seguros de que el pueblo dará su vida mientras ustedes se esconden en sus ministerios? Porque me resulta difícil ver a Marrero con su barriga, o a Bruno, o a Canel, con un arma en la mano.
Hablan de los miles de muertos, sin embargo ya nadie se acuerda de cuando Canel llamó a una guerra civil y al exterminio de los cubanos. Sí, ese que armó a sus «tracatanes» con palos y piedras contra una población desarmada.
Le recuerdo a Bruno que, aunque ellos vivan anclados en los años 60, hoy no hay necesidad de un desembarco masivo. Los medios de la guerra moderna permiten alcanzar objetivos sin un desembarco.
Existen drones de vigilancia, de ataque, con inteligencia artificial. Existen cohetes capaces de caer con un margen de error de un metro. Existen robots capaces de cumplir tareas de inteligencia y combativas.
Pregúntenle a Maduro. Ese es el mejor ejemplo.
Si Estados Unidos quisiera cambiar el gobierno cubano, sería en cuestión de horas y con un mínimo de bajas, donde la «guerra de todo el pueblo» de nada serviría.
Son reflexiones hechas por mí ante el diseño de combate que han creado los tótrolos de la tiranía, que únicamente hablan de agresiones, guerras, enemigos y muertes, en vez de proponer algo mínimamente con sentido para sacar al país de la miseria que ellos mismos han creado.






