Constitución de 1940: ¿Obra sagrada o fruto del colapso institucional de los años 30?

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- La Constitución de 1940 siempre es presentada como una obra “perfecta” o casi sagrada dentro de la historia política cubana, pero pocas veces se habla de algo fundamental: su nacimiento no siguió el proceso legal establecido por la propia Constitución de 1901.

La Constitución de 1901 sí tenía mecanismos para ser reformada. Existía un orden constitucional, un Congreso y procedimientos legales para modificarla. Pero todo eso fue destruido después del caos político de los años 30, impulsado por movimientos revolucionarios, grupos socialistas, comunistas, militares insurrectos y sectores radicalizados que no creían en la continuidad institucional de la República, sino en rehacer completamente el país bajo nuevas ideas políticas.

Tras la caída de Gerardo Machado, Cuba dejó de vivir bajo estabilidad constitucional real. Comenzaron gobiernos provisionales, estatutos temporales, golpes, conspiraciones militares y movimientos revolucionarios que veían la Constitución de 1901 como “burguesa”, “capitalista” y “anticuada”. En vez de reformarla legalmente, decidieron sustituir completamente el sistema.

Muchos de esos movimientos revolucionarios de los años 30 ya estaban profundamente influenciados e infiltrados ideológicamente por la Unión Soviética y por el Partido Comunista de Cuba, fundado en 1925 por figuras como Julio Antonio Mella, Carlos Baliño y posteriormente dirigido por Blas Roca Calderío. Desde esa época comenzó a entrar en Cuba la propaganda marxista, la lucha de clases, el sindicalismo revolucionario y la idea de destruir el modelo republicano liberal para sustituirlo por un sistema más estatista y colectivista.

Ahí entran las influencias socialistas europeas, marxistas, corporativistas y estatistas que terminaron penetrando la Asamblea Constituyente. No querían una República liberal clásica con un Estado limitado, sino un modelo donde el gobierno tuviera mayor control económico, laboral y social. Esa mentalidad terminó reflejada en la Constitución de 1940.

Por eso la Constitución de 1940 no nace de continuidad republicana pura, sino de una ruptura revolucionaria. Jurídicamente fue un nuevo orden político surgido después del colapso institucional de los años 30. Se utilizó una Asamblea Constituyente convocada fuera del mecanismo estricto establecido por la Constitución de 1901. En otras palabras, la vieja República fue reemplazada por un sistema nacido de la presión revolucionaria.

Muchos hoy hablan de la Constitución del 40 como símbolo de libertad, pero olvidan que también introdujo el crecimiento masivo del Estado, el intervencionismo económico y la idea de que el gobierno debía dirigir aspectos centrales de la sociedad y la economía. Ese pensamiento fue precisamente el terreno perfecto donde décadas después crecería el castrismo.

La tragedia de Cuba no comenzó en 1959. Comenzó mucho antes, cuando los movimientos revolucionarios socialistas y radicales de los años 30 destruyeron la continuidad institucional de la República y sembraron la idea de que la nación debía reconstruirse constantemente mediante revoluciones y no mediante respeto estable a la ley y las instituciones.

El castrismo no apareció de la nada. Fue la continuación extrema de una cultura política revolucionaria, estatista y socialista que ya venía creciendo desde los años 30.

Por eso, aunque muchos no quieran admitirlo, la única Constitución verdaderamente vigente y legítima de la República de Cuba sigue siendo la Constitución de 1901. Sí, hoy estaría anticuada y necesitaría reformas profundas para adaptarse al siglo XXI, pero aun así fue, por mucho, la mejor Constitución que ha tenido Cuba. Estaba inspirada en la mayor obra constitucional de la historia: la Constitución de los Estados Unidos. Defiende una República liberal, división de poderes, límites al Estado y libertad individual.

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