
Mayabeque y el milagro importado de alimentar a un niño
Por Ronny Lezcano
San José de las Lajas.- Cuando uno cree que ya vio todos los niveles posibles de descaro, aparece un proyecto llamado Nutrivida para recordarnos que en este país hasta alimentar a un niño parece un hallazgo científico.
Bajo la premisa, atención, de que “una nutrición adecuada es el cimiento del desarrollo humano”, el régimen acaba de descubrir algo que cualquier abuela cubana sabía desde antes de que Fidel bajara sin bañarse de la Sierra Maestra: que la gente necesita comida para vivir.
Lo verdaderamente magistral del asunto es que el proyecto está financiado por Canadá y coordinado por el Programa Mundial de Alimentos y UNICEF. Traducido al español de a pie: otro país viene a resolver lo que el sistema socialista más “humano y justo” del continente no ha podido garantizar en más de seis décadas.
Claro, después de destruir la producción nacional, quebrar el campo y convertir una potencia agrícola en un solar con consignas, ahora venden como conquista que unos extranjeros traigan tractores, paneles solares y sistemas de riego.
El texto, publicado en Radio Mayabeque, habla de soberanía alimentaria con una seriedad que conmueve. En Cuba esa frase debería estar prohibida por falta de respeto. Hablar de soberanía alimentaria en una isla donde el arroz llega por cuotas, la leche es un mito urbano y conseguir un tomate parece una misión a Júpiter, es como hablar de turismo lunar en Centro Habana.
Pero ahí están, felices, montando el teatro burocrático de siempre: reuniones, diagnósticos, estrategias y palabras rimbombantes para disfrazar una realidad obscena.
Mi parte favorita llega cuando explican que el proyecto entregará neveras y cocinas eficientes, pero advierten que la sostenibilidad depende de que los gobiernos locales reparen almacenes y cocinas. Es decir, te regalan equipos modernos para una infraestructura que probablemente parece salida de una guerra civil. Una nevera nueva dentro de una cocina destruida por décadas de abandono institucional. La metáfora de Cuba resumida en electrodomésticos.
Lo más triste de todo es que detrás de tanta muela tecnocrática hay una verdad sencilla: si Canadá, UNICEF y el PMA no meten la mano, buena parte de esos niños seguiría dependiendo del milagro, del invento o del paquete que manda un familiar desde afuera.
En tanto, la dictadura posa como socia estratégica del desarrollo nutricional. Ellos destruyen el plato, botan la comida y después aparecen en la foto sosteniendo la cuchara. Así funcionan. Un descaro perfectamente organizado.






