
ELA dona 20 mil euros para paneles solares en Cuba
Por Yeison Derulo
La Habana.- El sindicato vasco ELA anunció la donación de 20 mil euros a una campaña de paneles solares promovida por la asociación Euskadi-Cuba. A simple vista, el titular parece otro gesto de solidaridad internacional. Y lo es. Pero también deja al descubierto una realidad incómoda: mientras organizaciones extranjeras buscan soluciones energéticas para la isla, el aparato estatal cubano sigue sin ofrecer respuestas estructurales a una crisis que lleva años devorando al país.
Desde ELA, su responsable de Internacional, Eider Azkunaga, volvió a poner sobre la mesa el argumento recurrente del bloqueo estadounidense como causa principal de las dificultades en Cuba. No es un tema menor, pero reducir toda la tragedia cubana a ese factor es, cuanto menos, una simplificación conveniente.
Azkunaga habló de escasez de alimentos, medicamentos y bienes esenciales. No dijo nada que no se sepa. La diferencia está en el enfoque. Para el sindicato, se trata de una injusticia provocada por decisiones políticas de dominación global.
Lo que no se menciona con la misma fuerza es que, durante décadas, la dirigencia cubana ha administrado el país como un experimento fallido, donde la planificación centralizada, la falta de libertades económicas y la represión política han terminado por asfixiar cualquier posibilidad de desarrollo real.
La donación de ELA proviene, además, de descuentos salariales de sus propios miembros durante una huelga general en Euskal Herria. Es decir, trabajadores aportando para sostener a otros trabajadores a miles de kilómetros. Un gesto que contrasta con la élite gobernante cubana, que sigue moviéndose entre privilegios, viajes oficiales y discursos vacíos, mientras la población lidia con apagones interminables y un sistema energético colapsado.
Que la solución pase por paneles solares financiados desde el extranjero es, en sí mismo, un síntoma de la bancarrota del modelo.
En paralelo, la campaña de Euskadi-Cuba intenta paliar una crisis energética que el régimen cubano no ha sabido —o no ha querido— resolver. Y ahí está el punto clave. Más allá de la solidaridad, que siempre será necesaria, lo verdaderamente preocupante es que el país dependa de estas iniciativas para sobrevivir.
Cuando una nación necesita que otros le financien la luz, el problema no es solo externo. Es, sobre todo, interno. Y mientras eso no se diga con claridad, la historia seguirá repitiéndose: ayuda que llega, crisis que continúa y una dictadura que, intacta, sigue sin rendir cuentas.






