
Piye, el negro del sur que les enseñó a los faraones cómo se manda
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Piye era un rey nubio, hijo del África profunda, y se plantó en Egipto como un huracán divino. En el siglo VIII antes de Cristo, cuando los faraones pareían dueños de un tinglado roto y dividido, este negro del sur dijo «hasta aquí». Y no fue por ambición: fue por Amón, por dios y por tradición.
El tipo no solo conquistó: purificó. Piye sitió Menfis, partió a sus rivales y luego, en vez de saquear como cualquier bárbaro, ofreció sacrificios a los dioses egipcios. Perdonó a los que se arrodillaron. ¿Un invasor con modales y fe? Eso no lo hace ni el Real Madrid con el árbitro.
Los reyes vencidos, hechos una piltrafa, se postraron ante él. La historia la cuenta la Estela de la Victoria: un monumento que ni Mozart podría haber compuesto. Y así, este nubio se coronó faraón de la Dinastía XXV. Los llamaron «los faraones negros», y unieron Nubia con Egipto como si el Nilo fuera una sola vena.
Pero oiga lo mejor: después de tamaña hazaña, Piye se volvió a su casa. A Napata. Y nunca más pisó Egipto. Prefirió mandar desde la distancia, como un mafioso que mueve los hilos sin bajar al barrio. Eso es tener personalidad, señores.
Y usted, ¿sabía que Egipto fue gobernado por faraones del sur profundo? Pues sí. Piye rompió prejuicios, colores y fronteras cuando aún Europa vivía en cuevas. Que se lo cuenten a los racistas de salón. La grandeza, amigos, no entiende de mapas.






