Cuando el plato es propaganda y el hambre no se puede decorar

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Por Anette Espinosa

La Habana.- Como La Habana está «iluminada», a las criaturitas del régimen se les ocurren estas obras de arte, piezas de un concurso humorístico. Un plato armado con cuatro vegetales, dos inventos fritos y una decoración que intenta gritar “La Patria se defiende”, como si acomodar pepino en forma de palma pudiera tapar la realidad de un país entero. No es creatividad culinaria, es propaganda servida en bandeja. Y lo peor no es el plato, es la intención detrás.

Aquí no estamos hablando de comida, estamos hablando de narrativa. Mientras medio país no sabe qué va a cenar esta noche, alguien decidió montar este espectáculo visual para vender una idea de abundancia, de ingenio, de resistencia bonita.

El mensaje es claro, aunque disfrazado: “mírennos, aquí hay comida, aquí hay alegría” y también vamos a defender esta porquería si nos atacan.. Pero la realidad no se decora con zanahoria ni se organiza en forma de bandera. La realidad es que ese mismo plato, fuera de la foto, es insuficiente, pobre y, para muchos, inalcanzable. Entonces, ¿a quién quieren convencer? ¿Al que está pasando trabajo o al que nunca lo ha vivido?

Este tipo de imágenes no inspiran, irritan. Parten de una desconexión total con lo que vive la gente de a pie. Es como si alguien, desde una burbuja, creyera que el problema de Cuba es estético y no estructural.

Al final, la falta de respeto no está en el plato, está en subestimar la inteligencia de un pueblo entero. El cubano sabe perfectamente cuándo le están vendiendo humo. Por más que adornen la escasez, la verdad sigue ahí, sin filtro: esto no es resistencia creativa, es precariedad maquillada.

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