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Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- Cuba está hoy en una disyuntiva. Todos sabemos con certeza una cosa: nuestra libertad está cerca ante la agonía de un régimen que ha hecho las cosas tan mal que ha caído por su propio peso. No creo que haya en el mundo un caso similar.
Se nos plantean interrogantes muy serias, como la conformación de un período de reorganización que conlleve a elecciones pluripartidistas, que deberá ser liderado por personas que no tengan ningún tipo de compromiso con el sistema actual, para no contaminar de ninguna forma las bases del nuevo proceso.
En Cuba hay gente preparada, y fuera de ella también. Lo que no sé es cómo se va a implementar esto en las condiciones actuales, pues por defecto el cubano sabe más que nadie, opina de todo y siempre tiene la razón. Y eso, en esta etapa, bien pudiera conducir a la anarquía. Espero, quiero y deseo que esto no suceda.
Me preocupa también la afluencia del capital cubano a Cuba. Sin duda serán inversiones bienvenidas. Lo que me preocupa es la gran diferencia entre el cubano inversor que viene y el cubano empobrecido de la isla. Esto puede generar despotismo, diferenciación en el trato e incluso latifundismo. Aquí las reglas tienen que ser muy claras.
La anarquía en lo político y lo económico pueden dinamitar un futuro próspero. Para evitarla hay que crear leyes y mecanismos de vigilancia, planes concretos con responsables muy claros, para no caer en el socialismo de Estado donde no hay dueño ni responsabilidad.
Son varias mis preocupaciones, pero lo que sí tengo claro es que hay que ir hacia adelante, a conquistar lo que se nos negó por 67 años.
Nuestros hijos podrán disfrutar de una patria nueva.
Espero, quiero y deseo que los cubanos lo hagamos bien.