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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- La página oficial «Entérate Mayabeque» ha publicado un comunicado que merece, cuando menos, un análisis de sangre para determinar el nivel de desmemoria de sus redactores. Resulta que en Morón, provincia de Ciego de Ávila, el pueblo, harto de apagones y hambre, decidió ejercer su derecho a la protesta cívica y, en un arrebato de furia contenida durante años, quemó algunos muebles de la sede del Partido. La respuesta de la propaganda oficial no se hizo esperar: dramatización, victimismo y un intento desesperado de presentar a los manifestantes como vándalos que atentan contra el pueblo.

El texto de «Entérate Mayabeque» se rasga las vestiduras porque, según ellos, los protestantes dañaron una farmacia aledaña donde, cito textualmente, «van a comprar sus medicamentos los niños, los enfermos y los ancianos».

Uno lee eso y se pregunta: ¿en qué farmacia de Cuba, en qué farmacia de Mayabeque, en qué farmacia de Morón se venden medicamentos? ¿En qué farmacia de esta isla olvidada por Dios y por el Partido hay aspirinas, antibióticos, analgésicos?

Las farmacias cubanas llevan años siendo un decorado triste, estanterías vacías que sirven para que las moscas se paseen sin competencia. Hablar de farmacias donde los niños compran medicamentos en Cuba es un ejercicio de ciencia ficción que ni el realismo mágico se atrevería a plasmar.

Y aun así culpan a Trump

Y luego viene lo de la tienda. Dicen que dañaron una tienda donde compra el pueblo. Habría que preguntar a los redactores de «Entérate Mayabeque» a qué tienda se refieren. ¿A una de las tiendas en dólares donde los cubanos no pueden comprar porque ganan en pesos que valen menos que el papel en que se imprimen? ¿O a las tiendas en pesos cubanos, esas donde hace años que no se vende nada, donde los estantes acumulan polvo y los dependientes duermen la siesta apoyados en mostradores vacíos? Porque el pueblo, ese que ellos dicen defender, hace mucho que no compra en ningún sitio que no sea el mercado negro o la solidaridad familiar desde el exterior.

La sarta de sandeces no termina ahí. Por supuesto, aparece el comodín de siempre: el bloqueo imperialista, las medidas de Trump, la culpa de siempre. Y uno recuerda que Trump llegó a la Casa Blanca hace poco más de un año. Que sus medidas han endurecido el cerco, es cierto. Pero que los apagones empezaron con Trump, que la escasez de medicamentos es culpa de Trump, que el hambre llegó con Trump… Eso ya es estar mal de la cabeza. Sesenta y siete años de historia, sesenta y siete años de fracasos, sesenta y siete años de colas, de miseria, de esperanzas rotas, no se pueden borrar con un discurso que culpa al que llegó ayer.

El pueblo solo quiere vivir

Los responsables de la propaganda oficial deberían preguntarse por qué el pueblo quema muebles del Partido. Deberían preguntarse por qué la gente sale a la calle cuando hace unos años salir era un acto de heroísmo. Deberían preguntarse qué ha pasado para que el miedo, ese miedo que durante décadas paralizó a generaciones, se haya transformado en rabia. Pero no, prefieren el camino fácil: echarle la culpa al imperialismo, a Trump, a los de siempre. Prefieren mirar para otro lado mientras el país se desmorona.

Al final, el comunicado de «Entérate Mayabeque» no es más que un ejercicio de propaganda barata, un intento desesperado de maquillar una realidad que ya no admite maquillaje. Las farmacias siguen vacías, las tiendas también, los apagones continúan, el hambre aprieta. Y mientras tanto, ellos escriben comunicados. Mientras tanto, ellos se rasgan las vestiduras por unos muebles quemados, pero no dicen nada de los sueños quemados de generaciones enteras. No dicen nada de la esperanza incendiada de un pueblo que ya no sabe cómo pedir que lo dejen vivir.

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