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Marco Rubio: la baza de Washington contra La Habana

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Mucho cuidado con señalar o criticar la estrategia o las formas de Marco Rubio para lograr que Cuba sea libre. Él es hoy por hoy nuestra única esperanza real de lograr ese cambio en Cuba. No existe nadie más capacitado ni que conozca mejor las artimañas de la dictadura cubana dentro de la política norteamericana que Rubio.

Marco no llegó a esa posición por casualidad. Lleva años estudiando, denunciando y enfrentando al régimen cubano desde el corazón del sistema político de Estados Unidos. Conoce cómo opera la dictadura, cómo infiltra narrativas, cómo utiliza académicos, lobbies, periodistas y operadores políticos para intentar manipular la percepción en Washington. Conoce el lenguaje del régimen, sus tácticas y su forma de moverse en los espacios de poder.

Se trata del Secretario de Estado de Estados Unidos, la persona encargada de dirigir la política exterior del país más poderoso del mundo y de participar también en los principales mecanismos de seguridad nacional donde se toman decisiones estratégicas globales. Desde esa posición se manejan sanciones, crisis internacionales, negociaciones diplomáticas y alianzas con decenas de países. Cuba es sin duda un tema importante para él, pero también carga con la responsabilidad de gestionar los intereses globales de Estados Unidos.

La dictadura lo ataca por algo

En estos momentos la dictadura cubana está gastando millones en lobbies en Washington, mandando a sus agentes a ponerle trabas y trampas esperando que tropiece para que caiga su figura. El régimen entiende perfectamente que una persona, con conocimiento del sistema norteamericano y del funcionamiento interno y externo de la dictadura, representa un peligro real para su supervivencia política.

Por eso intentan desacreditarlo, sembrar dudas y crear campañas de desgaste. Es una táctica clásica del aparato de inteligencia cubano: atacar primero la credibilidad de quienes pueden representar una amenaza real. Mucho cuidado con que sus señalamientos no se parezcan a los de la dictadura y terminen mezclándose con esa ola de descrédito creada por los agentes de opinión del régimen cubano.

La política exterior de Estados Unidos tampoco funciona como muchos imaginan. No todo lo que se hace se anuncia públicamente ni todo lo que se negocia se discute en redes sociales. Muchas decisiones se preparan durante meses dentro de estructuras de poder complejas donde intervienen agencias, asesores, comités del Congreso y la propia Casa Blanca.

El mejor para ganar ‘el juego’

Marco Rubio estoy seguro de que está haciendo lo mejor que puede hacer con lo que le dejan hacer. Si no ha hecho más no es porque no ha querido, es porque no se lo han permitido. La estructura del gobierno estadounidense tiene límites claros y muchas decisiones finales dependen de la voluntad política del presidente y de los equilibrios internos del poder.

Yo tengo fe ciega en él. La historia de la política demuestra que cuando la persona correcta está en la posición correcta, los cambios pueden llegar en el momento menos esperado. Cuba lleva más de seis décadas esperando ese momento. Hoy existe alguien dentro del poder que entiende perfectamente contra qué está luchando.

No se trata solamente de un hijo del exilio cubano en un cargo importante, sino de tener al mejor en la mejor posición para ganar el juego.

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