Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Yoyo Malagón ()
Madrid.- Señores, contengan la emoción, que el Barcelona acaba de hacer su declaración anual de intenciones. Esta vez le ha tocado a Dani Olmo, que en las últimas horas ha soltado una de esas frases que, dicho sea con todo el respeto, merecen un monumento a la osadía sin respaldo. «Nosotros sabemos cómo ganar la Champions», ha dicho el bueno de Dani.
Y uno se queda pensando: ¿sabéis cómo ganarla? Vale, perfecto. Entonces, ¿podríais explicárselo a los que no han nacido con ese don divino? Porque la última vez que el Barça levantó La Orejona fue en 2015. Y desde entonces, han pasado cosas: han cambiado los jugadores, los entrenadores, los presidentes, las directivas, las camisetas, y hasta el Camp Nou.
Lo único que no ha cambiado es la certeza de que cada año, en esta misma fecha, alguien en Can Barça sale a decir que este año es el bueno.
Dice Olmo que saben cómo ganarla. Habría que preguntarle, con el debido respeto, si ese conocimiento lo ha adquirido viendo la tele o jugando a la PlayStation, porque el chaval, que es buen futbolista, no ha ganado una Champions en su vida. Ni él ni la mayoría de sus compañeros.
Repasemos la plantilla, que es un ejercicio saludable: ¿Lewandowski? Sí, el polaco la ganó con el Bayern en 2020. Eso es verdad. Vale, uno. Después están los veteranos… ¿Alguien más? ¿Raphinha? No. ¿Pedri? No. ¿Gavi? Tampoco. ¿Ferran? No. ¿Koundé? No. ¿Joan García? Lo mismo. La cuenta sale rápido: de los veintipico que se han inscrito para la Champions , solo dos saben lo que es ganarla. Con ese bagaje, uno puede saber cómo se juega, cómo se compite, cómo se sufre. ¿Pero cómo se gana? Eso solo lo sabe el que la ha levantado. Y en el vestuario culé, son minoría, minoría absoluta.
Lo de Lamine Yamal tiene más miga todavía. El chaval, que es un prodigio, o al menos él se lo cree, lo soltó a principios de temporada con la desfachatez de sus 18 o 19 años: «nuestra camiseta huele a Champions».
La frase, hay que reconocerlo, es buena para vender camisetas. El problema es que el fútbol no se juega con el olfato, se juega con los pies. Y el año pasado, cuando el Barça olía que se salía, el Inter de Milán les endosó una prórroga en semifinales y los dejó con el aroma nada más. Pero claro, como dijo Balde en el vídeo promocional, «huele a Champions, hermano». Pues ojalá el olor cuente puntos, porque si no, el título se lo va a llevar alguien que no se dedica a perfumar balones.
Lo curioso del asunto es que el discurso de Olmo ha ido modulando con el paso de los días. Porque si uno rasca un poco, encuentra al mismo Dani hace apenas una semana diciendo algo muy distinto: «Hay que cambiar muchas cosas si queremos competir por ganar la Champions». Ahí ya no habla de «saber cómo», sino de «cambiar».
Y el matiz es importante: una cosa es tener el conocimiento y otra es tener que modificar la mitad del equipo para no hacer el ridículo. También dijo que «será contra un grande, sea quien sea» , como advirtiendo que el rival no será un cualquiera. Pero claro, si sabes cómo ganarla, da igual el grande que venga, ¿no? O será que el conocimiento tiene limitaciones y solo funciona contra equipos pequeños.
Y mientras tanto, en las casas de apuestas, el Barça aparece como séptimo favorito, empatado con el City . No es mal puesto, ojo, pero tampoco es ese favoritismo que los medios afines y algunos jugadores pregonan cada año. Toni Kroos, que de esto sabe un rato, los metió entre los cuatro candidatos. Pero Kroos es alemán, tiene estilo y, sobre todo, tiene Champions. Muchas. Así que cuando él habla, uno escucha. Cuando habla un jugador que nunca la ha ganado, uno sonríe y piensa: «Anda, la ilusión que hace el fútbol».
En resumen, que el Barça lleva desde 2015 sin tocar La Orejona. Diez años. Una década. Y en todo ese tiempo, el discurso se repite con la cadencia de un mantra: «Este año somos favoritos», «este año el equipo tiene hambre», «este año la camiseta huele a Champions».
Luego llegan los octavos, o los cuartos, o las semifinales, y el olor se desvanece. Porque el fútbol, queridos, no va de perfumes. Va de títulos. Y los títulos, hasta nuevo aviso, se ganan en el campo. No en los vídeos promocionales, ni en las entrevistas de pretemporada, ni en las frases ingeniosas de los jóvenes prodigio. Se ganan con hechos. Y los hechos, hoy por hoy, dicen que el que sabe cómo ganarla todavía no ha conseguido demostrarlo.