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Un grupo de investigación italiano ha identificado mediante tecnología satelital lo que podrían ser ocho enormes ejes cilíndricos y dos grandes cámaras subterráneas bajo la meseta de Giza, donde se asienta la Gran Pirámide. Este hallazgo aún no ha sido confirmado por excavaciones. Sin embargo, reaviva el debate sobre lo que aún permanece oculto bajo uno de los complejos arqueológicos más estudiados del mundo.
El equipo empleó Radar de Apertura Sintética (SAR), una tecnología que utiliza satélites en órbita para enviar señales que penetran la superficie y se reflejan en las estructuras subterráneas. Luego, estas señales son procesadas mediante modelos matemáticos que generan imágenes basadas en la densidad del subsuelo. Gracias a esto, los investigadores pueden visualizar posibles huecos sin necesidad de excavar.
Sin embargo, egiptólogos y arqueólogos han recibido el anuncio con cautela. Las imágenes de radar pueden interpretar formaciones geológicas como si fueran estructuras artificiales. Por eso, sin una excavación física que confirme la naturaleza de los hallazgos, es prematuro hablar de un descubrimiento arqueológico, advierten los expertos.
La composición geológica de la meseta de Giza añade una capa adicional de escepticismo. El terreno está formado por un lecho rocoso de caliza que naturalmente contiene cavidades, fisuras y huecos. Además, estudios geofísicos previos ya habían documentado la existencia de vacíos bajo las pirámides. Por eso, algunos investigadores sugieren que los nuevos resultados podrían corresponder a formaciones naturales y no a construcciones humanas.
El estudio plantea interrogantes que solo podrán resolverse mediante investigación sobre el terreno. Mientras tanto, la comunidad académica mantiene su postura: sin una excavación que permita verificar la naturaleza material de lo que el radar ha detectado, las imágenes satelitales son una herramienta prometedora. Sin embargo, no son una prueba concluyente de la existencia de cámaras ocultas bajo la arena de Giza.