
El hermano que llevaba un hermano a cuestas
Por Rafa Junco ()
Madrid.- En 1637, un hombre llegó a Inglaterra llevando a su hermano permanentemente unido al pecho. No era un viaje cualquiera: Lazzaro Battista Colloredo y su hermano Giovanni eran gemelos siameses, aunque Giovanni no era un gemelo cualquiera, sino un parásito. Del pecho de Lazzaro sobresalía un torso, una cabeza, brazos y una pierna parcial. No hablaba, pero se movía. Tenía pulso y podía dormir mientras su hermano estaba despierto. Era una rareza médica, un espectáculo viviente.
Los hermanos recorrieron Europa para ganarse la vida. Lazzaro los exhibía en cortes y ferias. En Inglaterra, obtuvo permiso oficial para mostrarse ante el público, incluso ante el rey Carlos I. Cuando no quería llamar la atención, ocultaba a Giovanni bajo una capa. Pero la curiosidad era demasiado grande: los médicos los examinaron, los anatomistas tomaron notas y los grabados perpetuaron su imagen. Eran un fenómeno que desafiaba la comprensión de la naturaleza.
El dilema de la justicia
Y entonces llegó la historia que les dio fama eterna. Según el relato, Lazzaro mató a un hombre que se burló de su hermano. Condenado a muerte, planteó un dilema imposible: ejecutarlo significaría matar también a Giovanni, que era inocente. Los jueces, atrapados en su propia lógica, tuvieron que indultarlo. Era una historia perfecta: un asesino absuelto por la simbiosis.
Pero la historia, como las mejores leyendas, tiene un pero. No hay expediente judicial que la confirme. Algunos apuntan que era el propio Lazzaro quien la contaba, como parte de su repertorio de espectáculo. Era un buen negocio: no solo mostraba su cuerpo, también vendía una historia de intriga y justicia. Y funcionaba.
Los Colloredo desaparecen de los registros después de 1646. Nadie sabe cuándo ni cómo murieron. Pero su historia dejó una pregunta que sigue sin respuesta: si dos personas comparten un cuerpo, ¿dónde termina la responsabilidad de una y empieza la de la otra? Lazzaro y Giovanni no solo compartieron una vida. Compartieron un dilema que la ley jamás supo resolver.



















