En esta hora de Cuba: protagonismos, prioridades y apoyo

Comparte esta noticia
Escuchar este artículo
Audio completo disponible.

Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvivencia.org)

Pinar del Río.- Algunas declaraciones de miembros de la Administración norteamericana han provocado varias reacciones entre los cubanos, tanto los de dentro de la Isla como los que viven fuera.

Las enormes expectativas se van convirtiendo en desalentadoras frustraciones. Eso pasa cuando ponemos toda nuestra esperanza en hechos y soluciones que dependen de otros, que tienen sus propios intereses, que tienen sus responsabilidades en otros países y que han sido considerados por algunos como nuevos “mesías”, “salvadores”, o se le han atribuido aquel papel de las antiguas tragedias griegas, que popularizó Eurípides, en que ya al final del drama cuando la catástrofe y el infortunio de los protagonistas llegaba a su máxima expresión, entonces aparecía un “Dios-salvador” que bajaba con un mecanismo desde lo alto para terminar la tragedia de forma mágica, le llamaban: “Deus ex machina“.

El “Deus ex machina” = Dios de la máquina: “Es una forma tramposa de terminar una historia que rompe la cadena de causa y efecto. Como un “Dios” que interviene y resuelve los problemas de los personajes en su nombre”. Pero viene desde “arriba o desde fuera” de la realidad de la escena.

Romper la cadena causa-efecto, provoca una frustración ilógica que nos llena de incertidumbre o desesperanza en la tragedia de nuestra vida cotidiana. Esto ocurre cuando ni los actores ni los espectadores saben de dónde viene, o por qué ocurre, esa situación que, en el más sereno razonamiento nos parece ilógica, contraproducente y contraria a lo que se espera. Ocurre que, como en las tragedias griegas, ni los dioses ni los demonios se inclinan a dar explicaciones o se dedican a aclarar posturas herméticas o poco transparentes.

Cuba no es Grecia ni es una obra teatral

En efecto, Cuba, es decir, los cubanos de la Isla y de la Diáspora, a veces caemos, o nos dejan caer, en una espesa y pesada bruma de incertidumbre y pérdida de esperanza. Una causa es porque ponemos esa falsa esperanza en una salida estilo del “Deus ex machina” que, hoy día, no baja del cielo sino de fuera. Hoy día, nosotros, los protagonistas principales, es decir, los cubanos, con frecuencia hacemos dejación de nuestra responsabilidad cívica y convertimos lo que debiera ser apoyo y solidaridad externa en una solución mágica sin ninguna participación de los cubanos de aquí y de fuera que somos los que formamos una única nación cubana.

Entonces, en este momento oscuro, en que parece que toda alternativa se desvanece, es bueno, es sano, es conveniente y oportuno, como en esas carreteras sin visibilidad, fijar balizas, encender señales, establecer alertas, para que el “tránsito” sea seguro y claro, para evitar accidentes o, lo que sería peor, que ocurran “choques” entre los que transitan y los que regulan el tránsito o lo bloquean cerrándose al cambio en paz y, por tanto, abriendo el paso a la violencia que nadie desea.

Propuestas

¿Qué significan las balizas en la hoja de ruta de la transición cubana? “Las balizas son señales luminosas diseñadas para captar la atención y alertar a los usuarios sobre posibles peligros o situaciones que requieren precaución. La tecnología utilizada en las mismas ha evolucionado con el tiempo, permitiendo que sean más eficaces y visibles en condiciones adversas”. En nuestro símil quisiéramos sugerir algunas “señales” en el cada vez más serpenteante camino de la transición de Cuba a la democracia verdadera:

1. Los cubanos, Isla y Diáspora, somos y debemos ser “los protagonistas de nuestra propia historia” como nos repitiera ¡tres veces! San Juan Pablo II durante su visita a Cuba en 1998.

2. Nada, ni nadie, debe sustituirnos en este protagonismo principal: ni un poder extraño, ni los cubanos de dentro sin contar de verdad con los de fuera, ni los cubanos de fuera sin contar de verdad con los cubanos de la Isla, ni los cubanos todos, renunciando, o haciendo dejación, o dejándonos arrebatar, este protagonismo sea por otros o sea por nuestra propia inercia, pasividad o desilusión. Ninguna transición a la democracia podrá ser verdadera y exitosa sin el protagonismo de nosotros, los cubanos.

3. Atención con las curvas y derrumbes del camino. No nos dejemos distraer, ni desorientar, ni perder el rumbo. Poder identificar qué eventos puntuales son maniobras de distracción internas o en el exilio, es de una importancia vital para poder concentrarnos en la ruta que nos conduce al destino anhelado: la libertad y la democracia. Todo lo que distraiga, nos desoriente, nos desanime o nos divida, debe ser primero bien interpretado, y una vez identificado como distracción o desvío, dejarlo rápidamente a un lado, superarlo, con eticidad y pragmatismo, y recuperarnos para centrarnos en la ruta. Una pregunta que quizás nos ayude en este discernimiento sería: este evento o esta actuación, ¿contribuye a centrarnos en el cambio o nos distrae, o nos desalienta o nos confunde? No gastemos energía, espacio y tiempo en distracciones o ruidos que nos desorientan.

4. Para preservar el ánimo y la esperanza es también necesario “ubicar”, circunscribir e interpretar bien, la diferencia que existe entre apoyo y protagonismo principal, entre la política de la nación cubana (Isla y Diáspora), la política del régimen y la política interna de otros gobiernos.

En este sentido, es bueno tener claro que: la política que busca la mayoría de la nación cubana es la libertad, la democracia y el progreso. Estos objetivos no coinciden para nada con la política del régimen que es mantenerse en el poder. Y también está la política de Estados Unidos que tiene y tendrá como primera prioridad el bienestar del pueblo norteamericano y, en estos meses concretos, también determinan los intereses electorales y el no haberse resuelto, todavía, la guerra en Irán.

Estas últimas circunstancias, elecciones y guerras inconclusas, pueden ser dos razones que motiven las recientes aclaraciones de que para ellos aquel país está primero y eso se traduce en que su prioridad es trabajar ahora por responder a las demandas del electorado y, por tanto, su politica exterior sunque no cambia en esencia, sin embargo, se pospone frente a sus prioridades nacionales.

En resumen…

Para no desanimarnos, ni caer en la trampa del “Deus ex machina” que viene para una solución mágica; para evitar que las grandes expectativas nos produzcan grandes frustraciones, es absolutamente necesario tener la convicción de que somos, y debemos ser, los cubanos los protagonistas principales de nuestra transición y de que cualquier apoyo y solidaridad externa estará siempre después de la política interna y los intereses nacionales de quienes pretenden apoyar.

Para nosotros los cubanos, la mayor derrota sería perder la esperanza, sería caer en el inmovilismo y en la inercia de una espera ilusa.

El mayor impulso al cambio y a la transición será no dejarnos distraer, ni entretener con declaraciones o eventos puntuales. Será asumir, con fortaleza y esperanza, la cuota de responsabilidad cívica y política que nos corresponde como cubanos, tanto en la Isla como en la Diáspora.

La mayor virtud será acabar de tomar conciencia y responsabilidad de que somos, y debemos ser, sin desdeñar el apoyo y la solidaridad de otros, los únicos dueños, diseñadores y constructores de nuestro futuro en libertad, democracia y progreso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *