
Cuando la mentira se convierte en verdad oficial
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- ¿Qué sucede cuando un régimen controla todos los medios de comunicación? Puede mentir sin temor al desmentido. Los medios oficiales replican la mentira hasta convertirla en una supuesta verdad irrefutable. No importa cuán grande sea la falsedad: se repite como verdad y punto.
Miguel Díaz-Canel acaba de afirmar que las protestas en Cuba son financiadas por Estados Unidos: «Les pagan para que cometan actos vandálicos», dijo. Es decir, según su lógica, las protestas no son consecuencia de la falta de electricidad, alimentos y medicinas, sino del dinero del imperialismo.
En esa misma puesta en escena aseguró que en Cuba no se castiga a nadie por protestar. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos contabilizan a más de 1.300 presos políticos en la isla, en su mayoría vinculados a protestas y expresiones de oposición al régimen.
También dejó entrever que, si corriera la misma suerte que Nicolás Maduro, estaría dispuesto a sacrificarse, pero que lo haría peleando. Entonces me pregunto: ¿cómo puede un mandatario decir públicamente tantas cosas que contradicen la realidad que vive su propio pueblo?
Ni Estados Unidos paga las protestas, ni es cierto que en Cuba no se repriman las manifestaciones. Y mucho menos resulta creíble hablar de sacrificio cuando se trata de asumir las consecuencias de las decisiones tomadas desde el poder.
Díaz-Canel, a mi juicio, no está preparado para dirigir un país y mucho menos para asumir la responsabilidad histórica que algún día tendrá que enfrentar cuando el pueblo le pida cuentas por sus decisiones, por convocarlo a enfrentarse unos contra otros y por conducir al país a una situación de profunda miseria.
Por suerte, existe Internet. Los abusos, las represiones, las atrocidades y las manifestaciones de descontento han quedado grabados y documentados.
Antes podían esconder documentos, clasificarlos como secretos, destruirlos o hacerlos desaparecer. Hoy resulta mucho más difícil. Lo que se publica en Internet puede multiplicarse, conservarse y llegar a millones de personas. Queda como testimonio público, tanto para las víctimas como para quienes algún día sean llamados a responder por sus actos.
La historia podrá intentar ser manipulada, pero ya no tiene el mismo poder de borrar las evidencias. Porque ha quedado demostrado que Díaz-Canel no sirve para gobernar, pero mucho menos para mentir.



















