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Por Kathy Eisenring ()

Basilea.- El mundo normal piensa en las vacaciones de verano, con o sin viaje. Algunos van a ver la familia, otros pasan unos días en la playa. En general la gente se alegra de la pausa y los niños se alegran de no tener que ir a la escuela, jugar con los amigos, ir a la piscina, lago, río o mar. El verano se disfruta.

En Cuba las personas prevén con horror el infierno de un verano sin agua, sin electricidad, sin comida, sin al menos los muñequitos para los niños, sin la película o la novela que distrae, sin transporte para ir a ninguna parte. Sin vida.

Es un sufrimiento físico, emocional y espiritual que nada ni nadie puede justificar. Los cubanos no son ciudadanos de quinta categoría. Merecen vivir, vivir coño.

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