
TODA LA VIDA…
(Tomado del Muro de Facebook de Eduardo González Rodríguez)
Santa Clara.- «El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha
invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo
asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.
– ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? -Le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y
once días con sus noches.
-Toda la vida… -dijo.»
Así termina El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez.
Ese «toda la vida» expresa la voluntad amorosa de los verdaderos amantes ante los escollos, también verdaderos, que debe sortear cualquier relación que pretenda perdurar en el tiempo. Por eso «toda la vida», en ese contexto, no nos parece demasiado tiempo.

Y esa es la pregunta que todos nos hacíamos mucho antes del Ordenamiento: ¿hasta cuándo creen ustedes que podemos seguir en este ir y venir del carajo?
Imaginen qué nos estaremos preguntando a estas alturas, cuando el salario que se formuló según profundos cálculos económicos que duraron más de cinco años, no alcanza ni para ir al mercado una vez al mes.

Si la respuesta a la pregunta «¿hasta cuándo creen ustedes que podemos seguir en este ir y venir del carajo?» es «toda la vida», entonces sabremos definitivamente que no hay soluciones más allá de palabras y promesas. Toda la vida ya fue, y es, demasiado tiempo.
La verdad es que nos han dejado en manos de los merolicos. Nos han dejado en manos de una economía que no produce riquezas -de las que habló Murillo en TV-, sino que revende a sobre precio las riquezas que crearon otros fuera de nuestras fronteras.
No sé si si han pensado alguna vez que es inútil, y absurdo, salvar una ideología sin primero salvar al hombre. Para mi no tiene sentido.



















