Granma llama a defender la Revolución sembrando alimentos

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Por Anette Espinosa

Bayamo.- Parece que la Unión de Jóvenes Comunistas en Granma acaba de descubrir la solución definitiva para la crisis alimentaria de Cuba: sembrar hasta en las grietas del portal. Si usted tiene un matero vacío, una lata de pintura o un pedacito de tierra donde apenas cabe un perro acostado, ya sabe cuál es su misión revolucionaria. Porque, según la UJC, la Revolución también se defiende sembrando lechugas en el patio.

Lo curioso es que nunca hablan de fertilizantes, combustible, sistemas de riego o mercados donde el campesino pueda vender con libertad. No. Todo se resume a la consigna de turno. Si falta comida, la culpa será del vecino que no sembró dos matas de tomate detrás del baño. Así de sencillo resuelven ellos los problemas estructurales de un país que lleva décadas hablando de soberanía alimentaria mientras importa buena parte de lo que consume.

Después viene la otra parte del libreto: combatir el delito. Traducido al español, significa que, además de sembrar yuca, también tienes que vigilar que no te roben la yuca. La solución no pasa por crear prosperidad, sino por organizar guardias. Si desaparece una vaca, más vigilancia. Si desaparece un cerdo, más vigilancia. Si desaparece la comida, más reuniones. El círculo perfecto.

Y, por supuesto, el futuro descansa sobre los jóvenes campesinos. Esa frase tampoco falla nunca. Lo que no explican es por qué miles de esos jóvenes hacen cualquier cosa por abandonar el campo o salir del país. Debe ser que todavía no han entendido el privilegio de defender la Revolución sembrando boniatos mientras los dirigentes redactan discursos desde una oficina con aire acondicionado.

La realidad, sin embargo, tiene muy mal carácter. No entiende de consignas ni de entrevistas triunfalistas. La comida no aparece porque alguien repita veinte veces «soberanía alimentaria». Aparece cuando existen incentivos, libertad para producir, seguridad jurídica y una economía que funcione. Lo demás son palabras. Y de palabras, por desgracia, el plato del cubano lleva muchos años rebosando.

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