
Ni cara ni teléfono
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Hay que tener la cara muy dura para no ver las protestas que ocurren en Cuba o, en su defecto, no tener un teléfono con acceso a Internet. Aparentemente, Díaz-Canel no tiene ninguna de las dos cosas: ni cara para mirar de frente la realidad, ni teléfono para enterarse de lo que sucede en las calles.
Todos los días aparecen en las redes sociales imágenes de cubanos protestando por los apagones, la falta de alimentos y el escaso abastecimiento de agua potable. Hay personas que tienen que esperar a que llueva para recoger agua y poder bañarse, y en algunos casos, hasta para beber. No importa ya la calidad del agua: el cubano ha llegado a acostumbrarse a vivir entre la escasez, la contaminación, las bacterias, los insectos, las ratas y los gases nocivos que emanan de vertederos que, en algunos lugares, prácticamente forman parte del paisaje urbano.
Lo más preocupante es que a los dirigentes del Partido Comunista de Cuba parece importarles muy poco ese clamor popular. No importa cuánto protesten los cubanos: ellos permanecen sordos ante las demandas y ciegos ante la realidad.
Una cosa, sin embargo, parece evidente: mientras las protestas continúen siendo aisladas y no alcancen una dimensión verdaderamente masiva, los dirigentes cubanos seguirán justificando su silencio con los mismos sofismas y embustes de siempre. Culparán a quienes protestan de ser enemigos de la Revolución, de estar manipulados por fuerzas externas y de recibir financiamiento del supuesto enemigo imperialista.
Pero hay algo que los cubanos debemos tener claro: no podemos esperar eternamente que los americanos nos saquen las castañas del fuego. Las castañas somos nosotros y el fuego es la dictadura.
Hay que salir del fuego por esfuerzo propio. Porque, de lo contrario, mientras unos continúen mirando hacia otro lado, el fuego seguirá quemándonos el trasero.






