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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Hay en Cuba una fauna televisiva y cultural que el régimen ha domesticado para que el pueblo los mire y, según la lógica oficial, se sienta identificado. Pero el cubano de a pie, ese que hace colas bajo el sol y apaga la luz con la mano, no los ve como iguales. Los ve como lo que son: los encargados de lavarle la cara a una dictadura que se desangra.

El gobierno los pone en pantalla para que parezca que hay debate, que hay juventud, que hay futuro. Pero lo único que hay es un desfile de mediocres, arribistas y sicofantes dispuestos a todo con tal de no bajarse del carro.

Empecemos por los presentadores de Con Filo, ese bodrio semanal que la televisión cubana nos regala con la puntualidad de un apagón. Michel Torres Corona, abogado que presume de no haber ejercido nunca, y Gabriela Fernández, licenciada en Marxismo Leninismo e Historia, se sientan cada semana a disertar sobre la realidad cubana desde la comodidad de un estudio, mientras el país se desmorona.

Cuando se habla de los impresentables

Torres Corona reconoce que la prensa oficial no puede cubrir casos de corrupción por «falta de recursos», pero eso no le impide criticar a los cubanos que se quejan en redes sociales. Fernández, por su parte, se da el lujo de hacer giras propagandísticas por España mientras sus compatriotas no tienen con qué llenar la nevera. Dos profesionales de la hipocresía.

Humbrete y Legañoa

Luego está Humberto López, el vocero de la Seguridad del Estado y el MININT que sale en la televisión a aleccionar al pueblo con la misma naturalidad con la que otros van a la esquina. Este señor, que dirige el programa Hacemos Cuba, admite las carencias y el maltrato en la Salud Pública, pero acto seguido exige aplicar la ley contra quienes los denuncian.

Cuando se habla de los impresentables

Es el perfecto ejemplo del funcionario que reconoce el desastre pero amenaza a quien lo señala. Un lavador de manos profesional, de los que manchan de sangre la memoria de los presos políticos mientras habla de «ética y orden».

Y qué decir de Jorge Legañoa Alonso, el nuevo presidente de Prensa Latina, un tipo de escasa moral a quien han convertido en diputado por Holguín para premiar su inquebrantable lealtad al castrismo. Con 43 años, este periodista de pacotilla ha sido ascendido a base de servilismo, pasando de analista del Comité Central a vicepresidente de la Unión de Periodistas, y ahora a la cúspide de la agencia de noticias que el régimen usa para mentirle al mundo. Un hombre que ha hecho de la propaganda su modus vivendi y que, como buen lamebotas, se ha ganado un escaño en la Asamblea Nacional por su compromiso con la camarilla.

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El lastimoso Elián y el refeo de Randy Alonso

Y hablando de diputados, no podemos olvidar a Elián González, aquel niño balsero que el mundo vio en una foto con un policía en Miami. Hoy, convertido en ingeniero industrial y diputado del Partido Comunista, Elián se ha transformado en el defensor más ferviente del régimen que lo usó como bandera. Sale a hablar de la «solidaridad» y los «avances de la revolución», como si su propia historia —la de una madre muerta en el mar buscando libertad— no fuera la prueba más contundente de lo que realmente es el castrismo. Un símbolo reciclado, una herida convertida en propaganda.

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Pero el desfile no termina ahí. Randy Alonso, director de la Mesa Redonda y Cubadebate, lleva más de 25 años sirviendo como altavoz del régimen, sin una sola crítica, sin una sola pregunta incómoda

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Sandro, el Candil, Buenafe y la Hurtado

Sandro Castro, el nieto burlón de Fidel, dueño de un bar y con generador eléctrico en un barrio que vive a oscuras, se mofa del pueblo mientras se llena la boca diciendo que la mayoría de los cubanos quiere capitalismo

Raúl Torres, el seudotrovador que ha puesto su música al servicio de la tiranía y que no se esconde para exigir a los dirigentes que «bajen del aire acondicionado» mientras los defiende en el mismo post. 

Cuando se habla de los impresentables

Israel Rojas, el líder de Buena Fe, un policía reconvertido en cantante que ahora está incómodo porque El Cangrejo le ha robado el protagonismo a sus defendidos.

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Y por último, Ana Hurtado, la española que huyó de su país, se casó con un hijo de general y se ha convertido en la amiga íntima de Díaz-Canel y Lis Cuesta, dedicada a lavarle la cara a los verdugos del pueblo cubano.

Cuando se habla de los impresentables

Todos ellos, una legión de impresentables que el régimen nos mete por los ojos para que creamos que hay algo detrás del espejismo. Pero el cubano ya no se traga el cuento. Sabe que cada uno de estos personajes es un síntoma de la podredumbre, una pieza más en el engranaje de una dictadura que se sostiene a base de mentiras y sicofantes.

Mientras el pueblo muere de hambre y de apagones, ellos siguen su desfile, sonriendo a la cámara, cobrando sus sueldos y vendiendo su dignidad por un puñado de migajas. Pero la historia, esa que ellos creen controlar, ya está escrita. Y no la escriben ellos… por cierto.

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