
He estado pensando en… los miedos de los que nos gobiernan
Por Padre Alberto Reyes ()
Esmeralda, Camagüey.- Nuestro pueblo tiene miedo: miedo al cambio, a lo desconocido, a lo nuevo. Pero no sólo tiene miedo el pueblo, el gobierno también vive con miedo.
Porque los que un día se adueñaron de esta isla y la convirtieron en su feudo personal, hicieron de ella una cárcel que ha terminado atrapándolos.
Se acostumbraron a no tener límites, a obrar con impunidad, a no dar cuentas de nada a nadie: ni del
dinero, ni de sus propiedades, ni de sus viajes, ni de las universidades en el extranjero en las que estudian sus hijos…
Se acostumbraron a tener todo el poder, a hacer leyes a capricho, a controlarlo todo: el sistema educativo, los medios de comunicación social, el sistema judicial…
Se acostumbraron a no dar explicaciones a nadie, a ignorar o excluir a los que se atrevían a cuestionarlos, a encarcelar impunemente a los opositores.
Hicieron de Cuba un búnker inaccesible a la fiscalización de la comunidad internacional, mientras callada
y persistentemente expandían la penetración ideológica y la desestabilización de toda la región y de otras
geografías.
Se han creído dioses
Pero eran tiempos de poder y de gloria: acunados por Rusia, con el control total de la información, la
población civil sometida y un mundo hipnotizado por una extraordinariamente bien tejida propaganda.
Nada de esto existe ya. Los tiempos no sólo han cambiado, sino que exigen cambios, y cuando se ha
jugado a ser Dios, es aterrador volver a sentirse un simple humano.
Por eso tienen miedo, tienen miedo a no ser ya los amos absolutos, a que Cuba empiece a pertenecer a
todos y deje de ser su finca personal. Tienen incluso miedo a que, de tanto hartazgo, este pueblo les exija que se vayan, y que no vuelvan nunca más, y que terminen en el mismo exilio al que empujaron a tantos hijos de esta tierra.
De ahí que cambien el discurso, que hablen de “diálogo”, de “negociación”, pero siempre desde ellos,
desde el clan que insiste en permanecer controlando las riendas. Por eso su interés en presentar rostros nuevos pero seguros, imágenes frescas pero que garanticen la continuidad del poder.
Tienen miedo a los límites que imponen la libertad y la democracia: la fiscalización de la economía, la
exigencia de transparencia, la claridad financiera, la responsabilidad por las propias acciones…
Temen a su final
Tienen miedo a la libertad de pensamiento y de expresión, a perder el poder del adoctrinamiento, a ceder
el monopolio sobre los medios de comunicación social. Tienen miedo a las redes sociales.
Tienen miedo a un sistema judicial libre y autónomo, que establezca un estado de derecho. Tienen miedo
a un país donde sea posible establecer justicia, donde se condene al culpable y no pueda condenarse al inocente, un país donde los jueces actúen desde su profesionalidad y su conciencia y no desde decisiones venidas “desde arriba”.
Y tienen miedo al pueblo, a ese pueblo al que sistemáticamente han ignorado y despreciado, al pueblo que empobrecieron, que manipularon, que engañaron; al pueblo que usaron para tomar el poder y luego reducirlo a esclavitud. Tienen miedo a ese pueblo, que no sabe bien cómo generar un cambio, pero que no se detendrá hasta lograrlo.






