Luis Manuel Otero Alcántara está vivo y eso es lo que importa

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Por Pablo Alfonso ()

Santiago de Chile.- Hay noticias que, antes de cualquier análisis político, se reciben con alivio. Saber que Luis Manuel Otero Alcántara está vivo es una de ellas. Para mí, ese es el dato verdaderamente importante.

No soporto enterarme de la muerte de alguien conocido, mucho menos cuando se trata de una persona que aún tiene toda una vida por delante. Y duele todavía más cuando esa muerte podría ser consecuencia de un sistema que durante décadas ha convertido la represión en política de Estado.

Luis Manuel sobrevivió al castigo, al chantaje, a la humillación y a más de cinco años de encierro. Sobrevivió a una maquinaria diseñada para quebrar la voluntad humana.

Su nombre llegó a millones de cubanos con el Movimiento San Isidro, una iniciativa que, con sus aciertos y sus errores, logró hacer tambalear los cimientos propagandísticos de la dictadura. Aquel episodio también mostró el rostro más intolerante del poder. Quedó para la historia la agresión física del entonces ministro de Cultura, Alpidio Alonso, un hecho que retrató mejor que cualquier discurso el nivel de intolerancia del régimen.

Con el mayor respeto hacia quienes desempeñan el indispensable oficio de la limpieza —trabajo digno y necesario—, muchos de ellos demuestran más sentido común, más educación cívica y más decencia que quien ocupaba el máximo cargo de la cultura cubana.

Otero Alcántara pudo morir

Luis Manuel pudo haber corrido la misma suerte de tantos opositores que perdieron la vida bajo custodia del Estado o cuyas muertes estuvieron rodeadas de denuncias de negligencia, malos tratos o represión.

La historia reciente de Cuba está marcada por nombres como Pedro Luis Boitel, fallecido tras una prolongada huelga de hambre en prisión en 1972; Orlando Zapata Tamayo, muerto en 2010 después de una extensa huelga de hambre; Oswaldo Payá y Harold Cepero, cuyas muertes continúan siendo objeto de controversia y de demandas de investigación independiente. Son heridas abiertas en la memoria nacional.

Pero Luis Manuel está vivo. Y eso merece celebrarse.

Quienes lo han visto recientemente encuentran a un hombre físicamente recuperado. No muestra el rostro demacrado de otros tiempos ni la evidente debilidad que dejó el encierro. Es una buena noticia. Si viajó en clase ejecutiva, me alegro. Yo, que no he hecho ni la cuarta parte de lo que él ha hecho por la libertad de Cuba, he tenido ese privilegio muchas veces. Él lo merece mucho más que yo.

Si pudo sacar parte de su obra artística, mejor aún. El régimen siempre ha sido experto en confundir, dividir y manipular. Que varias de sus creaciones estén hoy a salvo también representa una victoria.
Y si una de sus esculturas de la Virgen de la Caridad del Cobre llegó dañada, la imagen parece resumir el estado de la nación. Cuba también está rota. Pero, así como una obra puede restaurarse, también un país puede reconstruirse.

Creo en Luis Manuel

Por eso sigo creyendo en Luis Manuel Otero Alcántara, mientras los hechos no me demuestren lo contrario. Cuba necesita personas con inteligencia, creatividad y el valor de enfrentarse al poder cuando la mayoría calla.

Con frecuencia hablo con personas que aún viven dentro de la isla. Basta escucharlas para comprender el desgaste psicológico que produce sobrevivir entre apagones interminables, escasez de agua, falta de alimentos y ausencia de perspectivas. Si esa es la realidad de la inmensa cárcel en que se ha convertido Cuba, imaginemos el impacto que tiene sobre quienes pasan años en una celda, aislados y sometidos a constantes presiones.

Luis Manuel es un ser humano. Como todos, se equivocará. Volverá a equivocarse. Igual que tú, igual que yo. La perfección no existe entre los hombres. Exigirle infalibilidad sería profundamente injusto.
Hoy prefiero quedarme con una sola imagen: la de un hombre libre.

Me quito el sombrero ante todo lo que hizo este joven artista, cuya rebeldía incomodó a uno de los regímenes más longevos del continente.

Ojalá pueda seguir aportando a la causa de una Cuba donde nadie vuelva a ser encarcelado por pensar diferente, crear libremente o ejercer sus derechos.

Gracias por tu valentía, Luis Manuel. Gracias por lo que has hecho por muchos cubanos que encontraron esperanza en tu resistencia.

Disfruta la libertad que nunca debieron arrebatarte. Y que algún día dejes de ser un deportado y puedas ejercerla plenamente en una Cuba también libre.

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