
Así la psiquiatría quiso borrar a los homosexuales a lobotomazos
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Que nos gusta mirar al pasado y sentirnos muy modernos, muy progres, muy «yo no era así». Pero ¿saben qué? Durante buena parte del siglo XX, la psiquiatría trató la homosexualidad como una ENFERMEDAD. Como una «desviación». Como algo que había que corregir. ¿Y cómo se «corregía»? Pues internando hombres, diagnosticándolos y sometiéndolos a procedimientos brutales. ¿Y lo más terrible? Que todo eso se vendía como medicina. ¡MEDICINA! ¿Ustedes me entienden?
Y entre tanta barbaridad, llegó la lobotomía. Una cirugía que NO CURABA NADA. Nunca. ¿Qué hacía? Dañar el cerebro. Destrozarlo. Para volver a la persona más dócil, más apagada, más obediente. Más fácil de controlar. Porque un enfermo que obedece no molesta. Eso era la lobotomía: un apagador de almas.
Ahí aparece un tal Walter Freeman. Este tipo convirtió la lobotomía en un SÍMBOLO DEL HORROR MÉDICO en Estados Unidos. En 1946, popularizó la lobotomía transorbital: un método rápido, salvaje, que entraba por la cuenca del ojo. ¿Y lo peor? Que podía hacerla FUERA DEL QUIRÓFANO. Como quien arregla un grifo. Como mutilar una mente fuera un trámite de oficina. Este señor realizó más de 3.000 lobotomías. Miles. Y no estaba solo: en esa era, decenas de miles de personas fueron sometidas a esto.
¿Y a quiénes creen que la psiquiatría quiso «corregir» con ese bisturí asesino? A LOS CUERPOS HOMOSEXUALES. Sí, sí, como lo oyen. La literatura histórica sobre lobotomía y psicocirugía es clara: se aplicó a pacientes etiquetados como «homosexuales» o «sex psychopaths». Porque en esa época, amar a alguien de tu mismo sexo era suficiente para que te llamaran ENFERMO. PELIGROSO. DEFECTUOSO. ¿Se imaginan? El solo hecho de ser quien eras ya era un diagnóstico.
Por eso, OJO, estas historias importan. Importan mucho. No solo porque muestran la crueldad de un procedimiento médico que hoy nos parece de otro planeta. Importan porque nos recuerdan algo fundamental: hubo un tiempo en que el sistema NO BUSCABA ENTENDER a las personas LGBTQ+. No quería escucharlas, ni ayudarlas, ni acompañarlas. NO. El sistema buscaba UNA SOLA COSA: BORRARLAS. Y una de las formas de borrarlas fue llamar «tratamiento» a lo que en realidad era DESTRUCCIÓN. Así de claro. Así de jodido.






